Caballo y jinete forman una pieza sin igual, porque al unísono muestran su elegancia al torear.
¡ Qué espectáculo el que ofrecen! ¡ Qué orgullosos han de estar de ser únicos, geniales, en esta especialidad!
Una vez que han conseguido derribar al animal, el jinete y su caballo comienzan a saludar.
Todo el mundo se levanta para poder agitar, pañuelos blancos que piden un justo premio final.
Reflexiona el presidente lo que debe de otorgar, y su mano la levanta de acuerdo con los demás.
¿ Orejas y rabo dijo? Aplausos del personal. Un torero que sonríe y a la plaza, vueltas da.
Y la música que empieza y agasaja al animal, que es el toro que se llevan, digno de felicitar.
Acabose el rejoneo y todo el mudo se va. Queda la plaza desierta, en silencio, sin vibrar.
Cae la noche poco a poco. La comienza a iluminar, la luna con su carita redonda y enamorá.
Queridos alhaurinos: Quizá no estuve muy acertada en la última poesía enviada, pero quiero que sepáis que la mandé con buena voluntad. Si a alguien le ha molestado, le pido mil perdones. Espero que esta os guste más. Un fuerte abrazo para todos. Carmina. |