Para alguien que verdaderamente cree en la igualdad entre semejantes como un derecho natural, la monarquía es el peor agravio que se le puede hacer a la democracia, dejándola carente de credibilidad. La Constitución, desde el momento en que reconoce la heredabilidad del cargo de mayor representatividad del Estado, se convierte en “cuento chino para irse a dormir”. El ciudadano democrático se siente estafado, el respeto a la igualdad se convierte en una pantomima. |
En la actualidad, gracias a la educación, la formación, el conocimiento, la ciencia, la comunicación, etc., ya no son necesarios líderes coronados que monten a caballo, espada en mano y con una sangre y una casta que les haga especialmente dotados para ser jefe de estado. Por supuesto que la inmediata salida de la crisis no está en la modificación de la Constitución y la instauración de la República. Es más, como militante de Izquierda Unida puedo decir que tenemos muy claro que cualquier República no serviría para llevar a cabo nuestro proyecto, si no que sería aquella República comprometida con la justicia social, que promoviera una democracia participativa, la defensa de los intereses comunes,… en fin, que la República no es el fin si no el medio a través del cual los Estados deberían buscar una salida de la crisis justa para todos, acabando primero con las desigualdades instauradas, respaldadas ya sea por cartas magnas, gobiernos, códigos genéticos o leyes de mercado.
Un buen ejemplo del tipo de República que persigue el proyecto de IU es la II República Española en la que, entre otras cosas se reconoció el voto femenino, se emprendió la reforma agraria, el reconocimiento del matrimonio civil y el divorcio, y con gran esfuerzo, se llevo la educación a todos los pueblos y a todas las clases sociales, a través de maestros como nuestro reconocido Don Emilio Castro Robledo.
Para los ciudadanos que así pensamos, la instauración de la República no es urgente, pero si muy importante. Por ello aprovecho para reivindicar el respeto a nuestros ideales, el mismo respeto que los republicanos mostramos ante los monárquicos, el respeto propio de una democracia con mayúsculas. |