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"Hijos de la luna" | | José Ignacio Crespo Lucas. 20.07.10 | | Yo estuve allí, en esa presentación del segundo libro de Chema, que tuvo lugar en el Fnac de La Cañada de Marbella la semana pasada: "Hijos de la luna", un título tan sugestivo como sugerente. Tuve la ocasión de conocer a su familia y de saludar a Yeyo, todo un clásico ya en estas lides, y a mi editor, Rafael Roselló, editor también de José María Santos en esta nueva andadura literaria. El acto fue sencillo, suficiente para los que sólo buscábamos descubrir lo que Chema quería contarnos con su prosa ajustada y sacrificial, construída a golpe de observación acompasada, de ritmo contenido, de miedos y libertades en un ambiente hostil, reivindicando la figura del funcionario frente a la dicotomía clásica del bueno y el malo, preso/carcelero... | Su nuevo libro ya no se desarrolla en el interior de la prisión y él nos lo advierte, ese fue el primero, el prologado por Julián Muñoz, èste va de otra cosa, de gente que se arruina fuera, del protagonista, Coro, un tipo que yo conocí en el 1, tan grande como bondadoso, con su arquetipo tan carcelario, tan cinematográfico que piensas cuando te está entregando sábanas o toallas o cualquier avituallamiento en el módulo de ingreso, que después, como premio, probablemente, te arrancará la cabeza para comérsela, acompañada de unas papas fritas, pero nada de eso se produce sino la ternura de un hombre descarriado y voluntarioso que busca, paciente, la salida de una pesadilla personal que dura ya demasiado tiempo. Sí, me acuerdo de Coro, con sus enormes tatuajes, su parquedad de palabras al principio, me acuerdo de cómo Javi Whitmeur hizo desde el minuto uno una magnífica relación con él. La madre de Javi también es asturiana.
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