Es una hierba, que se caracteriza por sus altos tallos, portados de hojas alternas, manchadas y picantes. En la parte alta de las ramas, aparecen cabezuelas aisladas de flores, los frutos son aquenios plumosos. La especie es originaria de las regiones mediterráneas apareciendo en sembrados y en los prados dejados para pastos del ganado, en los parques campestres y en las mediaciones de los caminos. Las partes más interesantes, desde el punto de vista farmacéutico, son sus frutos, los cuales se denominan “equinos”. Las cabezuelas que contienen las semillas se recogen a mano y enteras, y a medida que estas se van madurando, se dejan secar para luego dejar caer los aquenios. Sus efectos medicinales son conocidos desde la antigüedad: se emplean desde entonces para tratar la vesícula biliar y el hígado.
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Contienen lípidos (grasas), albreminas, aceites esenciales e importantes flavonoides. La mayor parte de la producción es aprovechada por la industria farmacéutica y se transforma en tinturas, gotas o pastillas, las cuales presentan un contenido en materias activas conocido con precisión. En las manos de los médicos, estos productos constituyen remedios muy eficaces contra las afecciones de la vesícula biliar; son colagogos y regeneradores de tejidos hepáticos lesionados. La medicina popular, emplea los aquenios para la preparación de una decocción al 2%, que se deja hervir durante 7 minutos y que se toma a razón de 2 a 6 gramos de aquenio al día. Esta decocción estimula la función hepática-biliar y es al mismo tiempo febrífuga, el consumo de este fruto molidos, e incluso la masticación episódica de frutos enteros, produce los mismos efectos.
La cosecha de aquenios se recolecta entre junio y agosto
( No utilizar sin prescripción del especialista en esta materias)
Gracias por su visita. Le saluda atentamente Francisco Solano Ríos. |