Capítulo LXXVI.- Si toda persona de bien tiene que sentirse orgulloso del lugar de su nacimiento, cuánto más no se sentirá que el mismo pueblo que lo vio nacer lo considere su Hijo Predilecto. Y ese es el orgullo que debe de sentir Antonio, que eligiendo por apellido artístico, “ de Canillas”, llevó el nombre de su pueblo, Canillas de Aceituno, a cada lugar donde llegó su flamenca voz, que ha sido en prácticamente todo España y una buena parte del extranjero. Canillas de Aceituno es un hermoso y blanco pueblo de la Axarquía, perezosamente tendido en la falda de la sierra Tejada y dominado por el pico de la Maroma, que con sus 2.068 metros es el más alto de la provincia de Málaga. En aquellos aires serranos se templó la voz que tantos éxitos ha deparado a este gran cantaor.
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Un concurso de cante ganado en Melilla, revelando sus dotes como cantaor, lo dio a conocer a la afición que desde entonces no ha dejado de tributarle su cariño y admiración. A partir de ese primer premio melillense, pasa a formar parte de la compañía de Manuel Vallejo primero, y con Porrinas de Badajoz, Perlita de Huelva o Canalejas de Puerto Real después, recorriendo en diversos espectáculos toda la geografía española. Quien ha conocido a Antonio de Canillas en sus años jóvenes no duda de que, pese a los años cumplidos Antonio, como los buenos caldos criados en las antiguas y famosas bodegas de su tierra malagueña, ha mejorado al paladar flamenco de los buenos aficionados, ya que los años no han hecho más que aumentar su calidad interpretativa. Si Antonio interpreta a la perfección cualquier palo del amplio espectro musical del flamenco, en los cantes de Málaga y levantinos se excede, no sólo por sus grandes conocimientos de los mismos, sino por la pureza al interpretarlos. Antonio es, hoy por hoy, el más veterano de los cantaores malagueños; lleva toda una vida en esta dura brega sobreviviendo, como los grandes maestros, a los peores momentos del flamenco que le tocó vivir como a tantos otros cantaores en el inicio de su carrera artística. Son numerosos los premios y nombramientos que Antonio de Canillas ha recibido a lo largo de su dilatada vida profesional entre los que destacan, entre otros muchos, la Lámpara Minera, conseguida en el VI Festival del Cante de las Minas, en La Unión, (Murcia), en Agosto de 1966 o el Premio Juan Breva, en Málaga. Sus colaboraciones en Magna Antología del Cante Flamenco, Rito y Geografía del Cante, Cultura Jonda o Sabor a Málaga han merecido una excelente aprobación por parte de todos los aficionados al buen cante. Como intérprete de la Misa Flamenca de Málaga, ha recorrido Filipinas, Austria, Alemania, Francia y otros muchos países europeos. En su faceta de saetero, Antonio está considerado como uno de los mejores; numerosos son también los premios conseguidos en esta modalidad de cante en diversas ciudades españolas siendo quizá el más importante el Premio Nacional Saeta de Oro, en Sevilla. A él se le atribuye la creación de la saeta malagueña, estilo que hoy cantan otros muchos saeteros. Últimamente ha grabado un CD con saetas a los titulares de varias cofradías malagueñas y de la provincia, en el que la mayoría de las letras han sido compuestas por él mismo. Por otra parte, una amplia discografía avala la versatilidad de este cantaor a la hora de interpretar los más diversos palos del flamenco.
ANTONIO DE CANILLAS FLAMENCO Y SAETERO
Canillas de Aceituno es como un sueño alojado entre viñas y olivares, con Tejeda y Maroma de collares para orgullo de cada lugareño.
Bajo la luz de este rincón sureño nació un chaval con dotes singulares para, por sus raíces medulares, beber en el acervo malagueño.
Quizás que por nacer en la Axarquía, entre el cielo y el sol de Andalucía Antonio heredó de algún ancestro esa voz prodigiosa, donde encierra el duende de los cantes de su tierra de los que es intérprete y maestro. Paco Acosta Roldán |