Una Escuela para la vida significa enseñar además de lo que establece el currículo:
Que un niño-a puede solucionar sus propios problemas. Un niño-acostumbrado a que le resuelvan cualquier situación siempre buscará este apoyo para el problema más cotidiano. Sin embargo, si le alentamos a que busque soluciones, a que piense cómo lo resolvería, le estaremos dando la mayor herramienta para cuando no estemos: CONFIANZA EN SÍ MISMO.
Que un niño-a tiene emociones y sentimientos, no sólo conocimientos. Les podemos enseñar el mundo que le rodea, sus paisajes, monumentos, ilustres pintores y músicos, operaciones matemáticas…pero lo que primero que tienen que saber es que son únicos y valiosos tal como son. Es importante que se conozcan a sí mismos, que sepan qué sienten y puedan expresarlo: AUTOCONOCIMIENTO.
Que debemos valorar a los demás tal como son y que cada cual tiene el derecho de ser valorado tal como es. Todos tenemos unas características que nos definen como seres irrepetibles y en estas peculiaridades está la belleza. Es importante que conozcan las cualidades que poseen y las que no. A partir de ahí podrán aceptarse y aceptar a los demás: AUTOESTIMA.
Que podemos apreciar todo lo que nos rodea. El mundo que se nos presenta está lleno de simples cosas que hacen que sean preciosas por el hecho de estar ahí. Un pájaro, una planta, las nubes, un día de lluvia, un amigo, un libro…Todo es maravilloso si lo miramos con la lupa que aprecia todo cuanto existe… LA FELICIDAD.
Termina el curso y terminan las enseñanzas. Los alumnos-as han aprendido a sumar caramelos, a restar manzanas cuando me como una, a dividir un pastel entre los invitados, a medir en centímetros una ventana…pero sobre todo han aprendido acerca de y para la vida…que es todavía más importante.
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