Capítulo LXX. Con grandes cualidades artísticas en la que la espléndida voz, redonda, sensible y tan llena de matices no es la menor, Antoñita Contreras ocupa uno de los puestos preeminentes en la panorámica del flamenco actual: sus numerosos y repetidos primeros premios en concursos de cante, así como las excelentes críticas que recibe en cuantas galas y festivales interviene no dejan dudas acerca del importante lugar que el éxito le tiene reservado. Sin antecedentes familiares que la vincularan de forma especial al cante, Antoñita despertó al flamenco con una afición nueva, intuitiva, sin genes que le condicionaran el camino a seguir, para emprender una aventura en la que pronto, y pese a su juventud, se le abren las difíciles puertas del reconocimiento y el éxito. Sin embargo, y no obstante las excelentes expectativas que su aparición en los medios artísticos despierta entre los buenos aficionados al flamenco, abandona galas y concursos hasta no estar convencida de que la suya no es la afición pasajera y conformista que se limita a mantenerse en la mediocridad y la penumbra del montón. Quiere estar segura de que su paso por teatros y festivales no se quedará en la gloria inmediata de unos efímeros aplausos olvidados una vez terminada la función.
|
De vuelta a la brega flamenca, Antoñita irrumpe con un nuevo bagaje en el que dos elementos van a ser fundamentales y decisivos en su carrera artística: las renovadas fuerzas nacidas del convencimiento de que el flamenco es su verdadera vocación, y un profundo conocimiento del cante adquirido durante su voluntario alejamiento de los escenarios. Y desde ese momento, segura de sí misma y del camino elegido, Antoñita se entrega en cuerpo y alma a lo que es su razón de ser: cantar. Con el magisterio bien aprendido, Antoñita sabe que para triunfar es imprescindible gustar y convencer tanto al público más entendido como a la crítica más exigente, y ambas cosas las hace a la perfección. Y cuando canta, con una voz recia y cálida a la vez, a la que imprime la majestad y sabiduría de los grandes intérpretes que han sido y son, el aire se llena de toda la genealogía del flamenco: su voz, cantando por malagueña, brota envuelta en la cal de las esquinas blancas de su tierra, o perfumada de jara y tomillo cuando, valiente, se atreve con los cantes serranos; por seguiriya o petenera, la misma voz se hace conmovedora hasta el dolor, para enseguida alegrarse envuelta en los olores a mango y caña de los cantes de ida y vuelta, y volvernos a estremecer al filo de una madrugada con el grito, solemne y desgarrado, de la saeta. Una voz que lo mismo se adentra en los misterios insondables y antiguos de Triana o Alcalá buscando las raíz de la soleá, que se moja en las fuentes de Granada para fluir, fresca y rumorosa, por granainas, o bien se adorna en las alegrías y cantiñas como si la acompañara el compás de las olas que llenan de sal los azules esteros gaditanos. Porque Antoñita, cantaora y a la vez estudiosa del cante, lo canta todo, o casi todo, y todo lo que canta lo canta bien. Nunca defrauda esta cantaora porque interpreta el flamenco tal como lo entienden los más estrictos puristas, pero al que ella le pone un sello personal que lo hace distinto bien que guardando toda su pureza y jondura; un sello que se pone de manifiesto en su forma de estar en el escenario, en la perfecta dicción de los cantes y, sobre todo, en esa magnífica y bien modulada voz a la que, dominados por ella, se rinden los más arcanos duendes del flamenco. Lo mismo que se rinde el público ante el cante, joven y rancio a la vez, de Antoñita Contreras.
ANTOÑITA CONTRERAS RUMORES DE ESPUMA Y SAL
En Málaga se abrió a la luz primera, con rumores de mar en la garganta y oleaje en la voz. Y cuando canta su cante es sal y espuma marinera
La sangre de sus pulsos se acelera; el eco de la voz se le agiganta, y en un grito que el aire solivianta el Duende de su pecho se libera.
Los pájaros del sueño, sorprendidos, se desvelan al grito, palpitantes, huyendo por la oscura madrugada.
Y marcando el compás con sus latidos su corazón se funde con los cantes que fluyen de su voz privilegiada.
Paco Acosta Roldán |