El estallido de la crisis mundial originó en otoño de 2008 un interesante debate sobre la inconveniencia de la liberalización extrema y la conveniencia de un mayor control estatal de la economía. Así se intervino en bancos y grandes empresas para evitar su caída. Sarkozy aseguró, ante la admiración de todos los gobernantes de Occidente, que había que “refundar el capitalismo”. Desde alguna organización empresarial española se llegó a pedir “un paréntesis en la economía de mercado” nada menos. La socialdemocracia afianzaba sus principios. Hoy, año y medio después, los gobiernos han claudicado ante la ortodoxia capitalista y aplican las medidas de siempre. En lugar de hablar de regulación, se ataca lo público. La socialdemocracia se parece cada vez más al liberalismo económico más clásico. El pensamiento único se abre paso. |
El FMI acostumbra a imponer las clásicas medidas liberalizadoras a los países del tercer mundo a los que presta dinero. Deben privatizar sus servicios y abrir sus mercados a los capitales extranjeros. Esto no suele sacarlos de la miseria pero permite que las multinacionales occidentales se lucren también allí. Pues bien, este mismo criterio se ha impuesto para los de dentro de la UE. Por fin la UE se pone de acuerdo en algo: implantar las medidas que exigen los grandes capitales. En esto consistía la refundación del capitalismo.
La economía especulativa, la que se enriquece moviendo dinero de un sitio a otro, la que no produce bien ni servicio alguno a la sociedad, la que parasita sobre la economía productiva, la que provoca el derrumbe económico, esta economía sale victoriosa ya que obliga a los gobiernos a apretar el cinturón de los trabajadores para que no decaiga su bienestar. Y los gobiernos claudican. En general no se discute que, si hay que recortar gastos públicos se recorten, si hay que bajar el sueldo de los funcionarios se baje, de la misma manera que se han reducido los beneficios de los trabajadores del sector privado muchos de los cuales, además, han quedado parados. No es difícil aceptar esto como necesario. La cuestión es: ¿por qué no nos ponemos de acuerdo también para actuar contra la economía especulativa causante del desaguisado? ¿Por qué no regular los beneficios inmorales de los directivos de las grandes entidades financieras? ¿Por qué no se arbitran medidas para controlar los grandes capitales que escapan al fisco ya que trascienden las fronteras? ¿Por qué no estudiar la tasa Tobin sobre movimientos especulativos de capitales? ¿Por qué no acabar definitiva y drásticamente con los paraísos fiscales donde esconden el dinero negro todos los sinvergüenzas del planeta? ¿POR QUÉ NO NACIONALIZAR LA BANCA? (perdón, se me escapó).
La refundación del capitalismo se está realizando en el sentido de más capitalismo, y no de menos, claro. Es la crónica de una muerta anunciada, el fin obligado de la dinámica que llevaba la socialdemocracia que ha quedado en una mera reguladora de ciertos derechos sociales (matrimonios homosexuales, pensiones, desempleo, dependencia etc) ciertamente deseables pero que se mueven al son que marca un sistema macroeconómico que no nos hemos atrevido a tocar, con más privatización, más liberalización, más especulación y más injusticias globales.
Es el ocaso de la socialdemocracia (del café descafeinado, de la cerveza sin alcohol) pero no lo es de la Izquierda. El ideal de una sociedad más justa y más respetuosa con el planeta y todos sus habitantes no va a morir. De nosotros depende.
Eduardo Sáez Maldonado
* “Crónica de una muerte anunciada”. Gabriel García Márquez |