“….el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al hombre, ni en destruir la naturaleza, ni en sostener a un tercio de la Humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueran de hambre, sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones Hombre-Naturaleza en un plano de concordia” |
Este texto, que está de plena actualidad, fue escrito hace más de ¡ 30 años ! por el recientemente fallecido Miguel Delibes (Un mundo que agoniza, 1979). Por aquel entonces muy pocas personas con cierto prestigio social tenían esta altura de miras en cuanto a una visión integradora del Medio Ambiente. Ahora, una generación más tarde, no hemos avanzado nada. La degradación ambiental avanza descarada e implacablemente ante nuestra indiferencia cómplice. La miseria y desigualdad con el tercer mundo, consecuencia del mismo sistema que arrasa su entorno irreversiblemente, y que debería avergonzarnos cada vez que miráramos hacia el sur, avanza descarada e implacablemente también. Ambos avances van, claro, de la mano. De la mano del falso progresismo que, al contrario del que proponía Delibes hace 30 años, se basa en un “desarrollo ilimitado y competitivo”. ¿Hasta dónde vamos a crecer?
Mientras, el volcán islandés nos avisa de que el planeta no es nuestro. Quizá deberíamos parar un momento a reflexionar. El colapso aéreo generado nos deja un dato increíble. En Europa hay casi 30.000 vuelos diarios. Quizá unos 5 millones de pasajeros al día. ¿Dónde va tanta gente? ¿A qué viene tanta prisa? Quizá deberíamos centrar nuestros esfuerzos (“racionalizar la utilización de la técnica”) no en crecer a toda velocidad para llegar lo antes posible al abismo, sino en “facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones Hombre-Naturaleza en un plano de concordia”. Pero claro, para eso deberemos ponernos de acuerdo en las reglas del juego. No vale que unos sigan jugando el partido (Liberalismo Económico Fútbol Club) a pesar de que el equipo contrario haya parado a atender a un lesionado. Así cualquiera. Quizá deberíamos parar el partido hasta que no hubiera más lesionados. Y luego quizá deberíamos reunirnos para decidir si seguíamos jugando a lo mismo o si inventamos un juego más tranquilo. Que no deje el césped destrozado.
Pero los sueños, sueños son, y no valen los experimentos locales. La utopía requiere un acuerdo internacional, una ONU refundada. El Socialismo (obsérvese el uso de la mayúscula para desvincular el término del actual neosocialismo neoliberal) tenía una vocación internacionalista ya desde el siglo XIX…. y quizá desde la Revolución Francesa.
El volcán nos avisa de que a Gaia le da igual que los efímeros y escandalosos dominadores de la superficie del planeta nos creamos todopoderosos. Pronto volverán a volar otros 30.000 aviones al día por el cielo de Europa quemando petróleo sin reparos porque hay que retomar el crecimiento económico suicida. Pero quizá el próximo aviso serio de la naturaleza no sea ajeno a nuestra irresponsable actitud.
Ya no lo verá el visionario Miguel Delibes.
Eduardo Sáez Maldonado |