Marisa Paredes es la protagonista de esta película y el centro en torno al que gira tanto la historia como la cámara. Su personaje es el de una viuda que aunque lo ha intentado no ha conseguido rehacer su vida tras la muerte de su marido, a pesar de que las pinceladas que se muestran de él a lo largo de la película no dibujan un personaje demasiado agradable. Sin embargo, a raíz de su muerte la familia queda rota y dispersa. El personaje de Marisa Paredes (María Luisa) está sumido en la tristeza, claramente por lo perdido, no ya al marido si no algo de su pasado que no se despeja hasta el final. En su vida han aparecido nuevos personajes, aunque distantes más que nada porque parece que ella misma ha marcado una distancia. Son el amigo de su hijo pródigo (Rober), un marroquí emigrante ilegal (Rachid) que compartió los bajos de un camión con Yao, otro emigrante senegalés. Esta cadena de factores unida a otros azares propios de la emigración ilegal les lleva a vivir juntos. Rober enamorado de Rachid y María Luisa iniciando una relación con Yao que parece devolverle todo lo que ella creía perdido.
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Esta película es un intento por, cuando menos describir, todas las situaciones que rodean a los personajes y los sentimientos que les provocan. Por un lado, el tema de la emigración ilegal, por otro lado la añoranza por las cosas que hemos dejado en el camino, el amor... ese tema tan recurrente como inevitable y el tema de las religiones al que se hace referencia en la sinopsis y en el dossier distribuido en el pase de prensa.
Pero como dice el refrán, el que mucho abarca poco aprieta y la película repasa todos estos temas propuestos sin entrar en ninguno en profundidad, de hecho, el tema de la religión tan referido incluso en el título es meramente anecdótico, relevancia cero en cuanto a la historia se refiere. La historia pasa del tema de la emigración ilegal a las relaciones humanas para al final volver al tema de la emigración y acaba con una resolución que, a mi entender, es algo más que un final abierto. De hecho, los elementos enigmáticos que se proponen no resultan serlo en absoluto, siendo incluso irrelevantes.
En el lado positivo destacar el papel de Rachid, interpretado por Soufiane Ouaarab, que consigue mantenerte enganchado en la película al ser un personaje divertido que enriquece las escenas en la que participa. De Marisa Paredes no hace falta decir nada, es como Juan Diego, un seguro. Aunque en esta ocasión quizá se le haya visto con demasiada suficiencia, cosa que ha aprovechado el director incluso recurriendo al archivo personal de la artista. Algunas de sus escenas se suman a aquellas que consiguen que uno siga viendo la película con interés.
En definitiva, la película no se hace larga ni corta, ni mala ni buena, ni sí ni no, ni mucho ni poco. Si se es fan de Marisa Paredes, al ataquerrr
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