Capítulo LXII.- Con la denominación de “Cantes de ida y vuelta” se han conocido siempre aquellos cantes de influencia americana, en la creencia de que fueron llevados por los españoles emigrados a América y que fueron cantados, impregnados ya de los aires criollos y dulzones de aquellas tierras, por aquellos emigrantes que decidieron volver a España. Estudios posteriores han demostrado la irrealidad de una creencia sostenida durante mucho tiempo; la verdad es que estos cantes nunca cruzaron los mares para ser modificados en aquellos pagos. Fueron nuestros cantaores quienes, en sus viajes a América, se inspiraron en el folklore de allí para, a su vuelta, cantarlos aflamencados. La guajira, la rumba, la vidalita y la milonga son los principales estilos de un grupo de cantes traídos del Nuevo Continente y adoptados aquí. Hay otro, la colombiana, que ni siquiera vino de América, pues es una creación atribuida a Pepe Marchena, maestro en estos cantes, y que al darle este nombre americanizado contribuyó al error de que se encuadrara en el grupo ya mencionado.
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Guajira: Procedente del folklore cubano, la guajira parece ser el primer cante de los llamado de ida y vuelta que fue incorporado al flamenco. Con este nombre se conoce en Cuba a los campesinos blancos: guajiros. Sus coplas están compuestas por décimas de versos octosílabos, y cada cante suele tener dos o tres décimas. Pepe Marchena, Juan Valderrama y Manolo el Malagueño han sido destacados intérpretes de este cante. Rumba: Fue el estilo que más pronto se hizo popular, y que supuso un verdadero boom con la llamada rumba catalana, especialmente protagonizada por Antonio González, el Pescailla, al que siguieron Peret, Bambino, Amina o la Terremoto, pasando por un nutrido grupo de cantantes de sevillanas, y hasta, de forma puntual, por verdaderos genios del flamenco como lo fueron la Niña de los Peines o Manuel Vallejo. Vidalita: Procede del folklore criollo de la parte norte de Argentina y sus coplas, de cuatro versos octosílabos, cuentan historias de lo más sentimentales y melancólicas. Si bien hoy su interpretación ha caído en desuso, Escacena, Pepe Marchena o Manolo el Malagueño fueron pródigos en cantarlas y divulgarlas. Milonga: Procedente igualmente del folklore argentino, concretamente del Río de la Plata, sus coplas están compuestas también por cuatro versos de ocho sílabas. Parece ser que fue Pepa de Oro quien la importara de sus viajes a América y que, aflamencándola, la cantaba y bailaba en fiestas y tablaos. Pepe Marchena, Juanito Valderrama o Manolo el Malagueño, la grabaron en múltiples ocasiones. Colombiana: Aunque encuadrada en los cantes de ida y vuelta, este cante fue una creación personal de Pepe Marchena. No obstante, su melodía y dulzura, diferente a nuestros cantes, y su similitud musical con los aires criollos americanos, confunden muchas veces al oyente. Aparte su creador, Pepe Marchena, la han cantado Juan Valderrama, Niño de la Huerta y Carmen Amaya entre otros. La Niña de la Puebla las interpretaba, con enorme éxito, a dúo con su marido, Luquitas de Marchena. Si los artistas mencionados no fueron los únicos que cantaron o cantan estos estilos provenientes de América, sí hay que atribuirles a ellos el mérito de haber contribuido largamente a popularizarlos. Estos cantes, que algunos puristas y ciertos flamencólogos no los tienen en gran estima son, en cambio, muy del gusto del público en general que los sigue llamando cantes de ida y vuelta.
CANTES DE IMPORTACIÓN AIRES QUE VAN Y VIENEN
Navegando hacia una tierra extraña sobre tres carabelas trepidantes, un puñado de intrépidos gigantes un nuevo mundo hallaron para España Siglos después de tan gloriosa hazaña zarparon otros nuevos navegantes, que pronto se impregnaron de los cantes criollos con sabor a mango y caña. Cantados en bohíos y manglares, traerse para España esos cantares fue para ellos cuestión pronto resuelta. Y desde el punto y hora que llegaron, con nuestros propios cantes se hermanaron naciendo así los “Cantes de ida y vuelta”.
Paco Acosta Roldán |