Hace veinte años, escribí un artículo con ocasión del décimo aniversario de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente, autor de “El hombre y la Tierra”, título homólogo de la gran obra geográfica y humana de Élisée Reclus (gran geógrafo y anarquista, + 1905). En aquel artículo decía más o menos lo siguiente. Se rompía la vida de un hombre que amaba la vida y la tierra. Se rompía la vida de un hombre al que le gustaba volar bajo, cerca de la tierra, cuando hay otros que prefieren volar alto y que se creen dioses. Recuerdo aquellos programas que nos hacían acercarnos a la tierra y que nos hacían no perder el contacto con la tierra. Esa tierra, que es una gran madre, nos ayuda a ir sembrando de asombradas miradas la vida que se reparte entre las plantas, los animales y los compañeros de viaje. Nuestros iluminados ojos, como pequeños corazones abiertos, se llenan del flujo de la vida. Por ello, si nuestros ojos parpadean, no es porque no quieran ver, es porque se están engrasando con las lágrimas para poder ver mejor. Si nuestros ojos guiñan, no es porque quieran ver la mitad, sino porque es que quizás nos molesta tanta claridad; a veces nos ciega tanta luz. |
Quizás la excesiva claridad esté, como siempre, en el punto de vista que enciende esa luz, que muchas veces está cautiva de luces artificiales, que quieren vender energía, sabiduría y todo lo que se les ponga por medio. Esa excesiva luz aparece, cuando la cultura dominante nos socava los ojos y nos quiere hacer ver lo que le interesa que veamos y, además, lo veamos todo con una misma mirada que le es tan propia e interesada. Ahora otra vez se van a querer vender los videos de entonces como científicos y educativos. Pero no todos tienen esta sal ni están cocidos con este arte. La ciencia y la educación son artes lentas, que no se pueden permitir la rutina, los prejuicios ni la celeridad. Hay muchos episodios que nos castigan con un comentario incisivo y de urgencia, que no dan tiempo para el pensamiento, sino más bien nos castigan con los tics del consumismo. No digamos si se dirigen al público infantil. Me explico. Algunos de estos videos no son científicos, porque reducen la lucha por la vida al hecho tan vulgar de la muerte de los demás, y además con violencia (hay carroñeros que no matan, por ejemplo). El evolucionismo y su selección natural no se pueden reducir a la ley del más fuerte, sino que hay que aceptar la ley de la supervivencia de los más aptos, que es otra ley mucho más amplia y comprensiva, ya que admite también como aptitud la cooperación y la colaboración y no sólo el enfrentamiento y la lucha. También sabemos que es más apto aquel que tiene una dotación genética que le hace sobrevivir, bien por su pequeñez, bien por sus endebles alas, bien por su facilidad de camuflaje... para que no le maten, aunque él personalmente no mate ni una mosca. Podemos considerar que la ley del más fuerte no pasa de ser una visión equivocada, cuando se generaliza como paradigma de nuestra comprensión del mundo. Los poderosos dinosaurios pasaron a mejor vida, bien porque hubo cataclismos, fuerzas tectónicas o caídas de asteroides; bien por inanición, ya que necesitaban un forraje que no se lo podían proporcionar; bien porque se mataron unos a otros, ellos solitos. Podemos contemplar, también, cómo sobreviven las hormigas, a pesar de que en cifras absolutas son débiles; sin embargo, se adaptan y se organizan (quizás porque son pequeñas y débiles). Además genéticamente son muy prolíficas, circunstancia que refuerza su aptitud para la supervivencia. Algunos episodios no son educativos, porque la forma incisiva y remachona acaba con la poca posibilidad de crítica del niño, que en ningún momento consigue destetarse y sigue tragando, además del contenido, la forma de expresar los hechos. Hay otros episodios de naturalistas que son muy objetivos y relajados, pero se suelen dar en horario de mayores y en la 2 de Tve. Tampoco son educativos, si de educar se trata, porque se ignora el aprendizaje vicario, que mueve al aprendiz a asimilar el contenido y a ser motivado para desarrollar conductas emotivas y reflejas, con las que puede solucionar sus problemas y conflictos. Como vemos, hay visiones que el hombre tiene del mundo que son visiones del poder y que tantas desgracias nos ha acarreado, ya que el hombre se ha comportado como el bicho menos ecológico, incluso para sus congéneres más pacíficos y tranquilos. Es grave el tratamiento de la ley del más fuerte, cuando nuestros niños, y muchos mayores, no se dan cuenta de que se trata de seres irracionales y que exclusivamente se encuentran en situaciones de subsistencia, cuando matan. El hombre no puede seguir siendo lujurioso, es decir, matando por lujo. Muchas religiones nos han traído historias de luchas y de muerte. No queremos ser espectadores ni siquiera de las batallas de los ángeles contra los demonios. Por ello no nos conviene que estos modelos se multipliquen, cuando se trata de educar, y por tanto las religiones deben estar fuera del curriculo escolar, donde se aprende lo que nos puede unir y no lo que nos puede hacer más creídos, aunque creyentes. Se trata de educar a los que día a día comparten las historias y los saberes que no discriminan a nadie. Nos inquieta la supremacía del poder, y mucho más la del poder del reino animal. Muchos pensamos que el hombre desde niño debe aprender a dar respuestas específicamente humanas, respuestas racionales y reflexivas y no respuestas animales. Nos gusta pensar con Jimi Hendrix que “Cuando el poder del amor sobrepase al amor del poder, el mundo conocerá la paz”. Pensamos que es necesario que nos dejen vivir en paz, para que podamos amar a nuestros compañeros de viaje (crean en lo que crean) y, también, amar a esta amable tierra, que, a pesar de sus involuntarias catástrofes, nos pueda devolver, al menos, el ciento por uno, si no de pan, sí de amor.
Josemª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria. |