Una de las razones fundamentales para promover la democracia participativa consiste en que tal sistema ofrece al ciudadano una capacidad de participar en decisiones orientadas a desarrollar una economía socialmente justa y humanista. Esto promueve un ambiente de cooperación porque se aprecian directamente las consecuencias de tales decisiones para todos y cada uno de los miembros de la sociedad.
La democracia participativa auténtica hace énfasis muy especial en dar voz a los individuos y a las comunidades, cuyas opiniones, anhelos y aspiraciones rara vez hallan eco o atención en los mecanismos tradicionales de la democracia representativa.
Este es un proceso de transformación -que ya está en marcha en muchas sociedades democráticas- que debe apuntar a promover mecanismos prácticos de participación, medios transparentes de información e investigación, adiestramiento desde la escuela en las técnicas de participación y un programa político estable que defina claramente sus metas destinadas a generar una energía social de participación en las comunidades orientada a la vida y decisiones del barrio, del municipio, de la provincia y de la nación, con el consecuente resultado de concertación, tolerancia y colaboración que necesariamente desemboque en una evidente mejora de la calidad de vida.
La participación que se desarrolla por diversos medios en muchas democracias modernas está comenzando a consolidarse dentro del ámbito de la democracia representativa como una nueva manera de hacer las cosas. La participación no ha de limitarse, sin embargo, a que las autoridades municipales y otros organismos públicos informen a la población de sus actividades y decisiones o inviten a los ciudadanos a presenciar sus debates, sino que implica escuchar a la población en la formulación de sus propios problemas y en la búsqueda de oportunidades y mejoras. Además, es indispensable proporcionarles los medios para encauzar una acción política, social o económica y participar en las decisiones públicas con propósitos de cambio, por ello, las LISTAS ABIERTAS será un instrumento donde la DEMOCRACIA PARTICIPATIVA sea efectiva y real.
Por tanto, es una forma errónea de razonar cuando se responde a un argumento atacando en lugar de proporcionar evidencia en contra del argumento en cuestión.
Por supuesto que el camino es todo un desafío, aún debe ser trazado y se encuentra plagado no sólo de dificultades sino también de trampas. Sobre todo cuando las razones que se esgrimen son por el bien común y en cuyo nombre se han cometido tantas atrocidades a lo largo de la historia.
Este concepto del bien común es la piedra fundamental de cualquier sociedad que se proponga evitar la ferocidad individualista o colectivista. Pues el bien común no es la simple suma de los intereses individuales, ni ese famoso bien del Estado que los totalitarios colocan por encima de la persona y ante el cual únicamente cabe ponerse a temblar: es el supremo bien de una comunidad de hombres a la vez libres y solidarios…
El reino del ser humano está en esa región intermedia en la que acontecen el amor y el arte, la camaradería y el diálogo, la comprensión y el trabajo en común. Es el gran pecado de Occidente haberse alejado de esta verdad primordial, sin cuyo conocimiento será imposible establecer las futuras comunidades, las auténticas, no esas maquinarias sociales a las que nos hemos tristemente acostumbrado.
Por eso seguiremos LUCHANDO E ILUSIONÁNDONOS por conseguir una DEMOCRACIA PARTICIPATIVA lo más real posible para el beneficio de nuestro pueblo de Alhaurín de la Torre, y de nuestras instituciones, y por qué no, del Estado Español.
Antonio Barba. Área de Comunicación de ERES. |