Te llamaré Paz Iglesias para respetar tu dolor y tu ausencia, y contener nuestra impotencia y nuestro dolor. Tu dolor y nuestro dolor es el mismo y además se ha hecho uno, desde que escuché tu nombre en la nómina de víctimas del 11-M, que nos facilitó la 2 de TVE. Quiero contener mi impotencia y poder poner mi voz a los pies de mi memoria. Me vino de golpe a la mente y al alma aquel día de primavera del 1982, cuando estabas en clase de Primero de E.G.B. y llegasteis tú y Marina a la mesa para hacerme una pregunta: - ¿Verdad, profe, que el purgatorio no existe?- dijo Marina. |
Yo me quedé sorprendido de la pregunta, porque me pasó por la cabeza toda la película de la conversación que podíais traer entre manos. Entonces os dije sencillamente: - Mirad, eso depende de quien lo crea, lo piense o lo diga. Conque seguid trabajando. Podría haberos dicho que sí, si uno estuviera al servicio de verdades absolutas. También podría haberos dicho que de ninguna manera, ya que uno podría estar orgulloso de defender otras verdades absolutas. Os fuisteis a vuestro sitio y nunca más hablamos del tema en los dos cursos del Primer Ciclo en que estuvimos juntos. Me disteis una lección de aceptación, respeto y convivencia. En este asunto siempre he sido respetuoso con todas las creencias que ha podido haber en mis clases y en mis calles. Sigo pensando que la religión tiene que estar aparte para que no se nos marchite la flor de la convivencia. Cada uno podrá alimentar su flor con la savia de la religiosidad o de simple humanismo que le dé vida, pero sin querer recoger frutos de religiosidad ni de poder. Hasta puede pasar que la religión se aderece con el adobo del poder. Así, durará más, pero puede perder los nutrientes que alimentan una convivencia humana, a la que todos tenemos derecho, sin espasmos digestivos ni mentales y sin impulsividad ciega, que desaloja de nuestra convivencia a los que no piensan de la misma manera. Por eso, ahora, en pleno siglo XXI, me duele más tu dolor y tu ausencia. Me duele que haya tantos celos religiosos: americanos, musulmanes, españoles,…El que me duela sólo quiere decir que tenemos un dolor, no que queramos hacer daño a nadie ni a nada. Al ver la masacre provocada por el fanatismo político-religioso, me he acordado de las palabras, que le dijo Fidel Habib al Moisés de Miguel Ángel, al verle aquella mirada, en 1974, cuando visitó Roma: «Así no se trata a un pueblo, ni siquiera de parte de Dios». Al sentir vuestro sacrificio y nuestro sacrificio, pues no en vano hemos perdido todos, he vuelto a experimentar el rechazo que toda la humanidad sufrió en sus propias carnes al ser expulsada del paraíso por la intolerancia de una religiosidad excluyente. Es verdad que se está avanzando en algunos temas, pero quiero decirte también que la convivencia no tiene que ver nada con la tolerancia, porque para nosotros la tolerancia tiene un tufo de victimismo y paternalismo que nos asusta. La tolerancia tiene una raíz autoritaria que impide una verdadera convivencia porque, en el fondo, mantiene unas relaciones asimétricas. También es verdad que las religiones están aprendiendo a perdonarse unas a otras, que las políticas están aprendiendo a tolerarse unas a otras; pero ni las religiones ni las políticas han entendido la actitud de los que defienden la libertad de no creer en ninguna religión ni de los que son críticos con todas las políticas. Esperamos que este siglo XXI no se nos gaste sin haber aprobado la asignatura pendiente de la convivencia. El libre pensamiento no hace daño, pero se deteriora con las instancias del poder. El poder tiene tan poca confianza en sí mismo que le teme al libre pensamiento como a una vara verde. Lo mismo le pasa a las religiones. Por eso no es de extrañar que lleguen, entre ellos, a verdaderos entendimientos, que por lo demás nadie entiende. Con una letra mayúscula para vuestra Memoria en nuestra memoria, mayúscula como las de Madrid y Marzo (como queda proclamado y denunciado en ese 11-M), nos recordamos con Walter Savage Landor: «El amor nos hace mejores siempre; la religión, algunas veces; el poder, nunca».
josemª Maestro de Primer Ciclo de Primaria.
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