Paco Campos. Aquellas personas que aún no se han iniciado en el senderismo pueden pensar que es una actividad aburrida, cansada o poco instructiva. Nada más lejos de la realidad. Yo llevo más de treinta años pateando montes y un mismo recorrido puede parecer distinto según la época del año, la hora del día o que el recorrido lo hagamos en un sentido ú otro. La marcha del dia 20 la podríamos calificar de instructiva, y ello gracias a nuestro guía Carlos, que desde que lo recogimos en la venta donde desayunamos, cerca de Ronda, no paró de darnos detalles de todo tipo. Al llegar a Alpandeire por la angosta carretera por donde penosamente circulamos con el autobús empezó su disertación. Nos explicó donde nació Fray Leopoldo, cómo vivía y la devoción que por él sienten en toda la comarca.
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En este pueblo empezó nuestro recorrido visitando El Pozancón y La Alfaguara que son grandes manantiales de agua que “revientan” cuando llueve mucho, como ocurre ahora. Pasamos por la Picota, lugar donde ataban a los condenados para escarmiento público, vimos el sillón del Rey y la Reina, que son dos grandes alcornoques y continuamos por el camino del Quejiguillo hasta al puerto del Genal. En este lugar se divisa una excelente vista del Alto y Medio Genal y nos fue enumerando uno a uno todos los pueblos que se esparcen entre castaños, quejigos, encinas y alcornoques. Carlos nos habló de la rivalidad de algunos pueblos por ser cuna del rio Genal. El Genal se lleva la fama y el Juzcar aporta el agua, dicen en este último pueblo.
Mientras el sendero desciende entre jaras y lavandas atravesamos la bodega de D. Diego, y también la de D.Justo; y ya cerca del Genal, que va crecido y rápido como si tuviera prisa por llegar a la mar salada, sacamos nuestra pitanza y comenos en la llamada Vega “La Jabá”. En cuanto comemos, nuestro guía, que muy bien podría ser locutor de radio nos explica como funcionaba un molino de agua ante el llamado Molino de La Máquina. Nuestro refrigerio fue breve pero nos alegramos de ello en cuanto comenzamos la penosa pero amena subida, penosa por la pendiente, per amena porque Carlos no paro de contar chistes, anécdotas, historias, dichos y mil andanzas más de los habitantes de estos parajes desde mucho antes que los bereberes cruzaran el Estrecho. Nos hizo pasar por las porquerizas que surten a Jabudo de los mejores pata negra, y lo mismo que algunos ríos llevan la fama y otros aportan el agua, Jabugo hace el comercio y el Genal aporta el cerdo.
Y despues de atravesar la Finca Las Amarillas, cuya interesante historia también nos contó Carlos, llegamos al autobús cansados pero contentos y sobre todo instruidos. Gracias Carlos y EgoAventura.
Francisco Gutiérrez de los Santos
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