La sonrisa es como un poema en el que al rapsoda no le es necesaria la palabra para interpretarlo; cuando la sonrisa es franca y espontánea, sólo con dejarla aparecer en su rostro está inundando el momento de luz y color, de música y poesía. Dicen, tanto médicos como psicólogos, que son los encargados de tomar el pulso de nuestra salud física y mental, que aquella persona que ríe con facilidad está usando de la mejor terapia para mejorar su calidad de vida tendiendo a prolongarla, ya que el reír les produce una gran satisfacción placentera que origina, a su vez, una descarga emocional que alivia la angustia y la tensión.
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Ni todas las sonrisas son iguales, ni todos sonreímos del mismo modo; para ciertas personas, sonreír les supone un esfuerzo sobrehumano y, como si tuvieran que hacerlo por compromiso, se ríen con una mueca como de disgusto mal reprimido, cuando no de manifiesta falsedad, que no hace sino enfriar tu deseo de aproximación a ellas; a otras, sin embargo, se les ilumina la cara con un gesto de amplia y generosa alegría que les mana del interior mismo, y de la que tú participas recibiendo, a través de su sonrisa, una agradable ola de calurosa amistad. Son incontables las personas cuyo trato me produce una gran satisfacción. Hoy quiero referirme a dos de ellas a las que, quizá inspirado por su sonrisa fresca y contagiosa difundida mil veces por nuestra televisión, quise hacerles, para mi personal cuaderno de poesía, un pequeño homenaje. Una es nuestra joven, guapa y simpática presentadora, Ernestina García Ortega, cuya sonrisa diluye la fría seriedad de la pantalla; la otra es Rafael Rodríguez Luque, quien también pone un punto de color con su franca, noble y comunicativa sonrisa. Vaya a los dos mi más sincera amistad.
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ERNESTINA
LA BELEZA DE LA SONRISA
Helénico perfil; una cascada de rizos despeñándose hasta el suelo, y causándole envidia al propio cielo la limpia claridad de su mirada
Sombreando los ojos, cual celada, las pestañas de leve terciopelo; y la gracia de un incipiente hoyuelo jugando en su mejilla sonrosada.
La espesa oscuridad de la pantalla, en olas de color se abre y estalla y una blanca sonrisa la ilumina.
Y brillando en el mágico cristal, aparece, serena y natural, la juvenil belleza de Ernestina
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RAFAEL
LA SONRISA CONTAGIOSA
La mejor de tus llaves es la sonrisa para que te franqueen cualquier puerta; una alegre ventana, siempre abierta, que nunca por cerrarla tienes prisa.
Tu natural risueño la improvisa y siempre la mantienes en oferta; cualquier banalidad..., ¡y se despierta la fresca catarata de tu risa!
Si la risa es la fuente más hermosa la tuya mana, noble y contagiosa con un fresco rumor de poesía.
No dejes que se seque en tu garganta; ten en cuenta que aquel que ríe, canta, y el que canta contagia la alegría
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