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"Cuento y moraleja" | | Ramon Guanter. 19.02.10 | | Erase una vez una Villa en el valle del Guadalhorce gobernada por un buen alcalde; era popular, al principio paseaba por sus calles, saludaba al posadero, al tendero y al herrero, quería a su villa y a sus vecinos, al igual que ellos a él. Un buen día ya hace tiempo se le fue la cabeza, se olvido de que estaba allí porque eran sus ciudadanos quien lo habían puesto, y decidió convertir dicha Villa en su Villa particular. A partir de esa fecha cambio el nombre de la Villa, pasando a llamarse Villa-nova. Se olvido de que los más necesitados tenían derecho a una vivienda digna, hizo pocas, y las pocas que construyó las puso a precios inaccesibles para estas familias, favoreciendo así la venta de otras viviendas construidas por sus acólitos.
| Sentado en su despacho atendía a todo aquel que iba a suplicarle un trabajo, luz para su barriada o el arreglo de cualquier desperfecto. Como buen gobernador, él solo decidía, así los vecinos le estarían siempre agradecidos y mientras tanto sus palmeros le aplaudían por su buen hacer. Había unos señores en el pueblo que se dedicaban a destruir la sierra, él, prometió que cerraría las canteras y llegado el momento que podía haberlo hecho, se olvido de su promesa y firmo un pacto que según él, traería mucho dinero para la villa, (la Villa-Nova, claro) los palmeros seguían aplaudiendo. Privatizo servicios públicos en contra de sus vecinos, (según el por ahorrar dinero de las arcas públicas) no haciendo caso de las distintas manifestaciones que se realizaron a las puertas de su castillo. Construyo fortalezas sobre arroyos, cedió a muy bajo precio terrenos que pertenecían a la Villa, creo edificios municipales de lujo en urbanizaciones para sus acólitos seguidores (presidentes de asociaciones) y cada vez le aplaudían más y más. Hizo construir una avenida hasta el castillo que tenía en la Villa y la adorno con plantas exóticas que hizo traer de países lejanos. A sus consejeros les construía plazas junto a sus casas para que nadie les molestara y así aumentar el valor de sus viviendas. Infundía el miedo a sus vecinos, les decía que si el caía, caerían todos con él. Cada vez se refugiaba más en su castillo, solo salía a las fiestas, ágapes y procesiones, por eso con dinero de todos los vecinos se compro una televisión para poder hablar a su pueblo, allá donde iba había una cámara o donde había una cámara estaba él. Utilizaba a los trabajadores del castillo para lanzarlos contra aquel que no estuviera de acuerdo con él Hacia todo aquello que a él le gustaba o quería, y por bueno que fuera si a él no le gustaba o no quería, no se hacia. Los ciudadanos, siempre de muy buena fe, no imaginaban que su gobernador hacía cosas malas, y le seguían votando porque pensaban que era uno de los mejores gobernantes. PRIMERA MORELEJA: "Las cosas NO siempre son lo que parecen". Llego un día en que los vecinos se dieron cuenta que la Villa no era solo la gran avenida de plantas exóticas, había una trastienda que desconocían. SEGUNDA MORALEJA: "Las medias verdades son la peor de las mentiras” Un día el pueblo dejo de confiar en él. TERCERA MORALEJA: “Nada dura para siempre” Al final se vio solo, sus palmeros dejaron de aplaudirle, sus acólitos dejaron de seguirle CUARTA MORALEJA: “La justicia es ciega, pero no estúpida y más pronto que tarde aplica la ley” MORALEJA: Nadie esta más vacio que aquel que está lleno de si mismo Ramón Guanter |
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