En nuestro municipio también se suele aprovechar situaciones más o menos traumáticas, impactantes o simplemente populares, para ocultar otras realidades, y lanzar mensajes en el mejor de los casos extremadamente oportunistas.
Es oportunista anunciar que las casas que ayer quedaron afectadas por la inundación en Santa Amalia, carecen de licencia municipal y están expedientadas por haber sido construidas en suelo no urbanizable e inundable, cuando probablemente sea fácil encontrar licencias para la construcción de urbanizaciones en este tipo de suelos, tras someterlos al Photoshop de la recalificación.
Es oportunista que se anuncien acciones legales y demoliciones contra los vecinos particulares que incumplen las leyes urbanísticas, y se guarde silencio hacia las promotoras que dejan las urbanizaciones sin terminar, como ocurre en Taralpe y Santa Clara, condenadas al silencio y la desatención consistorial por no estar aún recepcionadas, aunque sí que están habitadas e integradas en el sistema de contribución municipal.
Es significativo que en los comunicados oficiales no se haga ninguna referencia al estado en que se encontraba el camino y la rotonda de las canteras, afectados por el desbordamiento del arroyo y la acumulación de toneladas de roca y tierra, que unos cientos de metros más arriba son arrancadas a diario en las canteras de nuestra Sierra, en lo que constituye el mayor desastres ecológico de nuestro entorno además de convertir a la sierra en un enorme embudo sin capacidad para contener las avalanchas al encontrarse desprovisto de la capa vegetal necesaria para retener el agua.
Pero sobre todo es peligrosa la ceguera, voluntaria o ignorante, pero en cualquier caso responsable, a la hora de permitir que el desarrollo urbano no respete los cauces naturales de ríos y arroyos, otorgando licencias que autorizan la construcción sobre ríos, y tierras de ribera que quedan bajo el agua cada cierto tiempo.
Deseo más que nunca equivocarme, pero no será la última vez que hablemos de esto, y quizás tras alguna situación más grave, aunque probablemente, solo nos acordemos cuando dentro de unos años, quién sabe, vuelva a llover como lo hacía en los inviernos que solo nuestros abuelos pueden recordar.
Juan Manuel Mancebo Fuertes jmanceb@gmail.com www.bobastro2.blogspot.com |