Dichoso ordenador. Yo no creo en él. Los ordenadores son tontos y sólo procesan los datos que se les introduce, luego no depende del ordenador sino de quien le mete los parámetros de selección, pensé yo siempre. Pero los médicos han consensuado la misma coletilla para repetirla todos como papagayos sin salirse del guión: el trasplante depende de los ordenadores y los médicos no intervienen.
Yo tengo una enfermedad genética que se carga los riñones. Se cargó los míos y el que me trasplantaron, que duró seis años. Y ahora, cuando me trasplanten, se volverá a cargar el que me pongan. Según razonaba yo, no es normal que el primer riñón que me pusieron -el que perdí tras un mes en Carlos Haya sin salir casi de los quiráfanos- tardara en llegar seis meses. El segundo riñón -que me duró seis años- tardó ya un año en llegar. Y ahora llevo tres años esperando uno nuevo. Eso estadísticamente no funciona así. Si dependiera sólo del ordenador, hubieran tardado los tres más ó menos lo mismo, porque mi compatibilidad es la misma. ¿No?.
Finalmente, el médico tuvo que admitir lo que yo temía: "Eres difícilmente elegible por el ordenador dada tu dolencia y tendrás que esperar". Dicho de otra forma, me van a pasar por encima hasta los últimos gatos de la lista de espera independientemente del tiempo que lleven en ella. Y para mí me dió un mensaje claro: Búscate un trasplante "intervivos" porque vas a tener que esperar mucho tiempo enganchado a la máquina sin remedio.
¡Vaya!. ¿Y donde encuentro yo un vivo que me done un riñón?. Al parecer sólo puedo buscar entre los familiares de primer y segundo grado, y siempre con la supervisión de un juez. Nada de amigos. Dicen que para evitar abusos y tráfico de órganos. Y yo le digo: "Pondré un anuncio en el periódico que cambio un piso en Torremolinos por un riñón en buen estado".
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Juan Carlos Sanz de Ayala |