Anoche, frente a un público resfriado (las toses no pararon de escucharse a lo largo de la representación), tuvo lugar la puesta en escena del drama griego FEDRA, protagonizado por Ana Belén y Fran Perea. Es una versión que, por expreso deseo de su autor, respeta el lado clásico de la obra, en cuanto a diálogos e interpretaciones. Estos, como corresponde a este tipo de teatro, son intensos y acompañados de una buena dosis de expresión corporal. Cabe destacar en este aspecto alguna coreografía de combate y otras escenas con intercambio de armas lanzadas al aire que le da cierto dinamismo a la obra.
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Las interpretaciones, en general, están bien. Destacar que Fran Perea consigue que no nos acordemos para nada de su personaje en los Serrano, lo que no deja de ser algo positivo. Por su parte Ana Belén es una apuesta segura. Ambos representan los papeles principales donde quizá falte una pizquita de química entre ellos, pero eso es una apreciación mía, seguro que en el aforo del teatro mucha gente no opinó lo mismo a tenor de la ovación cerrada que les brindaron al final de la representación.
Finalmente, merece un apartado aparte la puesta en escena. Este aspecto sea quizá el que más se aleje del teatro clásico. Cuenta únicamente con en panel al fondo del escenario, donde un juego de luces, sombras y reflejos nos muestra los distintos escenarios y situaciones. Visualmente resulta muy atractivo y realmente le aporta a cada escena su puntito de misterio y dramatismo. En medio de esta puesta en escena está el vestuario de Fedra, verdadero centro de esta obra, también alejado del clasicismo del que está impregnada la obra (incluso en el vestuario del resto de personajes). Un vestuario que parte de colores muy vivos al principio de la obra y va atenuándose hasta llegar al negro de riguroso luto. El equilibrio entre lo clásico y lo moderno encaja a la perfección.
La historia es un auténtico drama griego que cuenta el amor incontenible de Fedra por el hijo de su esposo. Está llena de pasiones, primero contenidas y luego desatadas que lleva a un final que no hace falta contar, al fin y al cabo, es un drama griego. |