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El arte del zahorí | | Manuel Porcel. 12.04.06 | | En el tiempo de nuestros abuelos era muy común la contratación de rabdomantes o zahoríes para la mejor ubicación de la perforación de un pozo de agua. El “arte del Zahorí” se refería a individuos capacitados para detectar agua en profundidad a través del movimiento de varas de madera flexible con forma de horquilla. También podía utilizarse un sencillo péndulo que acusaba la presencia y profundidad del agua con determinados códigos de movimiento. ¿Es evidente la gracia, don o ciencia innata de estos magos de la varita descubridora de aguas subterráneas?. Es una pregunta difícil para dar una contestación justa y precisa. No se puede negar la virtud porque no tenga base o fundamento científico, tampoco y por el mismo motivo se puede aceptar de plano.
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Se puede anticipar que los resultados de adivinación de los manantiales subterráneos tienen una estadística de acierto del cincuenta por ciento. Se han hecho demostraciones de zahoríes ante hombres y personalidades de ciencia, ingenieros, hidrólogos, etc., con resultados admirables, asombrosos, porque no se acierta a dar una explicación satisfactoria de cómo a veces un niño, dotado de una extraordinaria sensibilidad, acierta, con matemática precisión, la profundidad y donde existe un manantial oculto. Ya en el antiguo Egipto, se utilizaba el péndulo, con el nombre de “merkhet”, que significa "instrumento de conocimiento" y como tal, estaba bajo la advocación del dios Thot. Se utilizaba para la orientación y ubicación de los templos. El mismo jeroglífico que representa la vara de zahorí significa “protección”. Entre los patriarcas bíblicos, Abraham y Moisés poseían el don de hallar agua en el desierto utilizando varas o cayados que el pueblo suponía cargados de poder. La vara de Moisés podía tomar la apariencia de una serpiente, símbolo universal de las venas de agua subterránea. Los druidas poseían sus propios cayados mediante los que encontraban los manantiales sagrados que veneraban. Estaban rematados con figuras de serpientes en forma de espiral, símbolo de los manantiales subterráneos. El báculo de los obispos católicos reproduce también esta forma. Rabdomancia proviene de la palabra griega rhabdos que significa "vara" y manteia que significa "adivinación". El término zahorí significa “adivino” en árabe. Se define como antiguo método adivinatorio de aguas escondidas, metales, minerales, etc. a través de una varilla o péndulo. De esta práctica se ocupa el rabdomante o zahorí, el cual detecta manantiales, corrientes subterráneas de agua o incluso sustancias minerales. Podríamos incluso decir que se trata de una variante de la psicometría. Se entiende por rabdomante, a un sensitivo que está dotado de la facultad de percibir o detectar, la existencia de corrientes de agua, vetas de minerales, lagos subterráneos, etc. a cualquier profundidad. Trátase de una facultad supranormal que se ha denominado con mayor precisión "geo-psicometría", que es el rastreo de la psiquis por el interior de la tierra. La varilla utilizada es una rama de avellano o abedul, arce o fresno en forma de horqueta u horquilla. Esta mide entre 40 y 50 cm. de largo y la parte de la horquilla entre 5 y 8 cm. de cada lado. De esta última parte es por donde tomaba la varilla el Zahorí para realizar su búsqueda. Otra característica de la varilla es su flexibilidad, para posibilitar su doblez y a la vez, su fortaleza para no quebrarse. ¿Por qué?, porque en el lugar donde el Rabdomante halla la capa de agua, la vara comienza a desarrollar unos movimientos bruscos vibratorios de arriba hacia abajo indicando la ubicación de la corriente subterránea.
El funcionamiento sería el siguiente: 1º.- No situamos en posición recta sosteniendo la varilla con las manos por su parte más corta, manteniéndola tensa. 2º.- Imaginemos un caudal o corriente de agua que discurre por nuestros pies, este es el acto de concentración que requiere el experimento. 3º.- Buscamos el noreste, y caminamos lentamente en aquella dirección, ya que las corrientes subterráneas generalmente discurren de norte a sur. 4º.- Cuando crucemos una corriente, la varilla tenderán a doblarse fuertemente hacia arriba, de tal forma que si se opone resistencia, llegaría a partirse. 5º.- Llegado al lugar donde la varillas está lo más perpendicular al suelo, detengámonos y relajemos la varilla. 6º.- Volvemos a ponernos en situación de búsqueda, vamos girando lentamente en redondo, sin moverse del sitio. Cuando la varilla se levante de nuevo, indicarán que se trata del discurrir de una corriente de agua. Si por el contrario bajan repentinamente hacia el suelo, significaría hacia donde no discurre la corriente. ¿Podemos ser todos Zahories ?. La verdad es que esta es la pregunta que siempre nos hemos hecho. ¿ Qué hay que tener para poder ser un zahorí ?. Bien, según las pruebas y estudios que se han hecho, todos somos zahories potenciales, si bien en mayor o menor medida, pero lo cierto que a todos "nos funciona" el péndulo y la varita. Se especula, se supone que la teoría del zahorí se basa en el principio físico de que todo cuerpo material existente en la naturaleza emite una radiación o campo magnético particular y distinto para cada tipo de materia. El cerebro humano se supone tiene unas neuronas sensibles a estos campos magnéticos, sensibilidad no consciente a la persona, de ahí que los movimientos de la varita se asocien a un movimiento involuntario de los músculos de las manos excitados por los impulso que envía el cerebro ante estos estímulos externos. Bajo este mismo principio aparecieron a finales del siglo XIX un proyecto de aparatos de detección automática de aguas subterráneas: Consideraron los campos magnéticos presentes en la naturaleza y los quisieron detectar con elementos electromagnéticos. Las máquinas existen, pero la sensibilidad que presenta el cerebro humano, por aquellos años, no era sustituible por los elementos electromecánicos de la ciencia. Hubo también sus descubrimientos de acuíferos pero ya se empezaron a estudiar los parámetros de entorno basados en conocimientos científicos de la época. Se trata de una ciencia del pueblo con miles de años de antigüedad y práctica y que, ante la falta de conocimientos científicos, se usaba para conseguir el agua de la vida, ya que esto ha sido una constante en todas los pueblos de la humanidad, bajo la premisa de que: “La salud y la longevidad de los pueblos está en relación directa con la cantidad de agua de que disponen para satisfacer sus necesidades”. Manuel Porcel Lozano. 12-04-06 |
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