En los últimos día hemos recibido o estamos recibiendo la renovación del catastro, cual no será nuestra sorpresa al comprobar que nuestra propiedad ha quintuplicado casi su valor y que de pagar algo más de 500 euros de contribución, vamos a sufrir un incremento a lo largo de los próximos diez años que hará que paguemos alrededor de los 3.000. Sólo el suelo, por el que pagamos siete millones en pesetas hace quince años, vale ahora treinta de esos millones, o eso dicen. Poco importa que nosotros no tengamos ningún afán especulativo, ni pensemos vender el terreno ni la casa "y hacernos ricos", (otra cosa es que pudiéramos venderla) esta es nuestra casa, la hicimos para quedarnos en aquellos días lejanos en los que Joaquín Vilanova decía en un mitin en la plaza del pueblo, que las canteras las quitaba él en tres años.
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El gobierno revisa el catastro muy al alza y el ayuntamiento aplica el porcentaje casi máximo que permite la ley, se apunta como ya es costumbre, al plan especulativo que ha provocado la crisis y que provoca y permite, a “Guzmán el Bueno”, hacerse la foto en la puerta del supermercado con las familias peor paradas de esta historia y sus cincuenta miserables euros.
La jugada maestra es que gobierno y ayuntamientos se echarán la pelota y siempre será el otro el responsable de esta subida enorme, de la que la mayoría de los ciudadanos no se ha enterado, porque no han hecho las enrevesadas cuentas que vienen especificadas en la notificación del catastro. El gobierno hace una tasación de la vivienda y el suelo, que quiere aproximarse al precio de venta actual, y luego el ayuntamiento decide qué porcentaje aplica. Nuestro ayuntamiento ha decidido aplicarlo sólo unas décimas por debajo del máximo, cuando la ley le habría permitido aplicar el mínimo e incluso bajar la contribución que actualmente pagamos. Pero si han bajado los ingresos por obra nueva, habrá que saquear a los que ya nos tienen aquí atrapados y que difícilmente podremos escapar. O lo que es lo mismo, la ley permite estrujar a los contribuyentes para que compensen a los ayuntamientos la ausencia de ingresos por obra nueva, ya que la burbuja inmobiliaria no volverá. El recibo se aumenta entre un 300 y 400%, España entera debería estar en la calle por esta medida, pero lo hacen de forma tan torticera que casi nadie se entera de que nos están cociendo junto a la rana en el mismo caldo. La crisis especuladora creada por bancos e inmobiliarias la pagaremos los trabajadores, nosotros seremos cada día más pobres, pero ellos igual de ricos.
Lo que es seguro es que muy pocos de nosotros podrían permitirse hoy en día tener una casa en cualquier urbanización de Alhaurín de la Torre a los precios actuales tan por encima de nuestros sueldos, pero tendremos que pagar como si en realidad pudiéramos. Por favor, hagan las cuentas y protesten, y sobre todo no les voten. Es lo único que les duele, la amenaza de perder el sillón y el tarro de chupar además de sus sueldos indecentes que por entero nos deben, y de las comilonas más indecentes aún, donde los cincuenta euros de la caridad se convierten en una amarga burla. Peor aún, la ruta de las cervezas gratuitas de la fundación Las canteras a nuestras expensas con el dinero del contribuyente; sólo falta ya que les den un pico gratis a los yonkis del parque.
Adriana. |