No conozco al señor Francisco Cosme García, pero después de leer su artículo titulado "El polvo de Alhaurín", no me queda más remedio que identificarme con él. Verá, vivo en un pueblo de esta Andalucía de pandereta, en la que se nos conforma con cuatro romerías y "priva" (así cómo se espera que la gente se movilice ante cualquier inconveniente), en el que durante algo más de cincuenta años, una cementera, después convertida en incineradora para la clase política, para mi quemadora de residuos, el pueblo de unos 14.000 habitantes ha venido trangando, sí literalmente tragando, el cemento que ésta tiraba por sus chimeneas. |
A los que nos quejamos se nos tildó de querer destruir unos 180 puestos de trabajo, así que con la anuencia de los gobiernos autonóminco y local tuvimos que aguantar esas emisiones de cemento cada vez que a los "dueños del cortijo" les apetecía lanzarlas a nuesto mediambiente. Nigún gobernante expresaba la más mínima queja, al contrario, como ya he dicho, le dieron autorización para quemar residuos , hasta para quemar las famosas harinas cárnicas, estando situada a unos 200 metros de las viviendas.
Pues pasaron esos más de cincuenta años, llegó la crisis de la construcción y la cementera cerró porque resulta que ahora no era rentable, pues bien, no contentos con eso ahora están de conversaciones la Junta, los sindicatos y los trabajadores para montarnos una planta de biomasa aprovechando las instalaciones de la cementera. Esta planta tiene sus cosas buenas: generará unos 20 ó 30 puestos de trabajo, pero también tiene sus cosas malas: los administradores (entiéndase políticos) quieren vendernos la moto de que se utilizarán los restos de las poda, pero no nos dicen que también se quemarán los restos orgánicos de las depuradoras, los purines de las granjas de cerdos (sin ánimo de ofender a los cerdos), los excrementos de vacas, etc, etc...ya pueden imaginarse los efluvios con los que tienen intención de deleitarnos, y eso que la propia legislación medioambiental de nuestra Administración prevé que las industrias que produza y/o realicen actividades molestas -entre otras- deben establecer a 2.000 metros de una ciudad. Con esta clase política que cambia la legislación, que élla misma creó, a su propia conveniencia, seguro que los ciudadanos paganos y conformistas no llegaremos muy lejos, éllos seguro que sí. Ah, se me pasaba, luego salen diciendo que el ruido que producen las campanas de la catedral de Jaén molesta y sobrepasa los decibelios, el cemento y el polvo de Alhaurín NO. He estado hablando del pueblo de Torredonjimeno en Jaén. Saludos
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