Nos decía un pequeño empresario, que en tiempos de crisis tiene que hacer encaje de bolillos para mantener a flote lo que tanto trabajo le costó crear. Se vende menos, y para no cerrar y mantener a sus empleados, tiene que controlar los gastos, los costes y disminuir márgenes, con el fin de mantener el negocio y esperar a que vengan tiempos mejores haciendo un esfuerzo sobrehumano. Al igual que este empresario, la economía doméstica debe atarse los machos para no ir a la quiebra, controlando el gasto y dejando los pequeños lujos para otro momento. Sin embargo eso no se puede decir de quien administra nuestros impuestos y nos los aumentan cuando peor lo llevamos, que deberían ser los primeros en atarse los machos en tanto en cuanto juegan con un dinero que se les aporta para que lo gestionen, en teoría, con eficiencia.
Las administraciones públicas son las únicas que no producen ni generan riqueza, por mucho que digan lo contrario, gastando a destajo y despilfarrando a costa de todos nosotros. Las instituciones públicas, a diferencia del resto de la sociedad productiva, son los únicos que han incrementado sus números en todos sus estamentos en estos tiempos de recesión (funcionarios, asesores, coches oficiales, empresas públicas, nuevos ministerios, obras inútiles, etc.) a pesar de la impresionante caída de la recaudación en todo lo relacionado con la actividad económica.
Para compensar la caída recaudatoria y frenar la descomunal deuda, la recaudación impositiva ha crecido de forma alarmante y sibilina en este último año de recesión, -en vez de haberlos incrementado en tiempos de bonanza- que unido al tremendo ajuste de familias y empresas, supone la puntilla para muchos. Para mantener su status, su tren de gastos, su marketing político y su pésima gestión, se empieza a cargar sobre las espaldas de los ciudadanos los excesos de sus derroches y desmanes. Los incrementos de los precios en comedores escolares públicos más la desaparición de las bonificaciones a las familias, el aumento del IVA, nuevos impuestos municipales, como nuestra entrada de carruajes, el recibo de la luz (sobre un 30%), impuestos sobre carburantes, tabaco, IBI, y un sin fin de nuevas imposiciones que suponen un porcentaje muy alto que incrementa los gastos fijos de empresas y familias, todo para que ellos sigan gastando sin control.
El ejemplo de todo esto lo comprobamos con nuestro Ayuntamiento, proyectando obras pseudo-faraónicas perfectamente prescindibles en estos tiempos, como el anuncio de la construcción del monumento de la rotonda del Encuentro, ¡de 30 metros de altura! o las cubiertas de las pistas deportivas en una de las zonas de España donde menos llueve. Qué fácil es gastar el dinero cuando no hay control y lo tienen garantizado por imposición al ciudadano para enaltecimiento de unos pocos con miras muy cortas, que nos llevarán a la quiebra a corto y medio plazo.
Rafa Calasanz Resp. Comunicación UPyD (Alhaurín de la Torre) cel.alhaurindelatorre@upyd.es http://upydalhaurintorre.blogspot.com/
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