He visto la película ÁGORA, dirigida por Alejandro Aménabar, probablemente la primera superproducción española, al menos en cuanto a la financiación de la misma, no así por el reparto, quizá en un intento por cruzar el charco y batirse el cobre con Hollywood. Quizás financiarse con capital español le haya perjudicado en ese aspecto. Más allá de estos aspectos, me limitaré a hablar de lo cinematográfico que, en definitiva, es lo importante. La película transcurre en Alejandría, situada en el momento histórico del declive del Impero Romano cuyo emperador ha abrazado el cristianismo. En la ciudad conviven tres religiones, los politeístas egipcios, los judíos y los cristianos. Los politeístas son, o creen ser, la fuerza dominante en la ciudad sintiéndose amenazados por los cristianos. De este modo se inicia la lucha por el poder. Amenábar nos muestra el uso de la religión durante la batalla que se inicia para este fin.
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Dios, Yahvé o Ra son nombrados para lanzar a los fieles (o súbditos según se mire) contra sus rivales en la lucha por el poder, contra cualquier amenaza que se interpongan en su objetivo. Dicen que la película deja mal a los cristianos, en mi opinión deja mal a la religiones o mejor dicho, a los dirigentes religiosos. La única diferencia es que los cristianos tenían al emperador de su lado y a una masa social más amplia, un pueblo pobre e invisible para los que hasta ese momento habían ostentado el poder.
En medio de todo ello, el universo, las estrellas como espectador de excepción; y una mujer, Hipatia, estudiosa del cosmos. Todo transcurre a su alrededor, desde la convivencia entre religiones hasta la ruptura de la misma, permaneciendo constante la búsqueda de respuestas en una época en que no existían, ni siquiera las que hoy consideramos elementales. Los diálogos a este respecto pueden ser banales, pero son ilustrativos de lo que supone desconocerlo todo.
La historia está bien contada, aunque tenga un par de momentos en que parece que a la historia le cuesta avanzar. Sin embargo, debo destacar el modo en que Amenábar consigue contar cosas con algunos movimientos de cámara, estableciendo un diálogo entre pantalla y espectador. Es algo que ya ha utilizado en películas anteriores. En cualquier caso, una película recomendable.
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