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Necedades e incoherencias | | José-Tomás Cruz Varela. 23.10.09 | | No resultan muy coherentes las actuaciones de los políticos del PP Javier Arenas y más concretamente Francisco Campas, presidente de la Generalidad Valenciana, quien sigue comportándose con respecto a Ricardo Costa, como si no hubiese sido dimitido hace diez dias de su cargo de secretario general, algo totalmente absurdo y que lógicamente no es compartido por la dirección del Partido Popular. Lo aberrante de la situación es que el citado Camps está prometiendo a su ex-secretario que pronto nuevamente formará parte del Gobierno autonómico en un puesto de máxima relevancia dirigiendo un Consejeria. | Para mayor descaro, el presidente Camps, ha ordenado a los suyos que continuen tratando a Costa como su secretario general, manteniéndole el despacho, coche oficial y percibiendo el mismo sueldo. Toda esta abracadabrante situación, rompe los esquemas de la cúpula del partido, dejando en el más soberano ridículo a la secretaria general de Organización, Maria Dolores de Cospedal, quien taxativamente ha manifestado con respecto a Ricardo Costa que: "no volverá a ser secretario general, ha sido cesado de sus funciones y no ha tenido un comportamento correcto". ¿Alguien lo entiende?. Estas contradicciones, lo único que logran es deteriorar todavia más, la maltrecha autoridad del presidente del partido, Mariano Rajoy, así como su imagen ante afiliados, votantes y simpatizantes. Génova pretende controlar los movimientos del PPCV pero da la sensación de que Camps se siente muy seguro y actua como le da la gana en su feudo. Entre otras razones, muy posiblemente para evitar que el ex-secretario general efectúe declaraciones a los medios, algo que le pondría muy nervioso, de ahí su delicado trata hacia Ricardo Costa. La herida (desconfianza) entre Rajoy y Camps sigue infectada y los tratamientos aplicados no han surtido efecto. Ciertamente los trapos sución se deben salir a la calle pero el enfrentamiento es tan descarado que está pidiendo a gritos la celebración de un Congreso Nacional Extraordinario por mucho que la idea le repatee a Don Mariano, amante del silencio de su despacho. La política está plagada de hipocresias y necedades, pero cuando se superan ciertos límites, solo cabe aplicar soluciones drásticas. Atentamente. Jose-Tomas Cruz Varela |
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