Los hechos son antiguos, se remontan al 3 de febrero de 2006, aquella célebre Asamblea convocada por la PDSS tras el cierre de las canteras y que terminó en una algarada con varios asistentes - miembros casi todos de la PDSS- auto encerrados durante horas en el local, una trabajadora de las canteras que salió en ambulancia con graves lesiones y la Guardia Civil en la puerta. Un auténtico escándalo.
La trabajadora, Mari Carmen Seghiri, denunció a Galán Palmero, ya que al parecer cuando comenzó la trifulca, se abalanzó sobre ella no se sabe con qué intención y ambos acabaron en el suelo cayendo desde el estrado, una altura de medio metro. La mujer tuvo que ser evacuada en ambulancia y aquello degeneró en un alboroto entre trabajadores de las canteras y asistentes de la PDSS, en el que tuvo que intervenir la Policía Local y la Guardia Civil poniendo paz y orden.
Ayer en la sala del juzgado de instrucción nº 13, estaba previsto la celebración del juicio de faltas. Estaba en su sitio la magistrada Dña. Isabel Tobeña, el fiscal, la abogado de la parte demandante, la secretaria del juzgado, un ujier. Presidiendo encima de la mesa un tocho de más de 30 cts. de altura formado por los cientos de papeles que ha generado el procedimiento, cientos de horas de trabajo, esfuerzo de funcionarios, mucho dinero de los contribuyentes, es decir de todos nosotros, en mantener la maquinaria judicial en esos 45 meses que ha durado la tramitación y faltaba Galán Palmero que dio la espantá.
Un mensajero se presentó poco antes de que diera comienzo la audiencia, con un parte de baja en la Seguridad Social por un solo día, sin especificar motivo ni enfermedad. Tanto el fiscal, como la abogada de Mari Carmen, no aceptaron este documento como motivo probatorio que justificara su ausencia y por tanto aconsejara la suspensión temporal y la juez tampoco lo aceptó, por lo cual, esta ordenó que diera comienzo el juicio. Se recogieron los testimonios de la trabajadora y de un testigo quienes a preguntas de la magistrada explicaron su versión de los hechos y en apenas diez minutos estaba acabado.
El fiscal pidió para Galán Palmero una condena de 1 mes a razón de 15 euros día y 1.500 euros de indemnización, así como las costas, la abogada subió la cifra a 2 meses a razón de 20 euros por día, más 1.500 euros de indemnización y codena en costas. Quedó visto para sentencia. Según comentaron a la salida los entendidos en leyes casi con total seguridad será condenado. Hasta ahí los hechos.
Casi cuatro años de procedimiento judicial es mucho tiempo para un pleito como este, durante todo este tiempo se acumulan cientos de folios con dos constantes. Una, el intento del demandado Galán de evadir el juicio final con constantes recursos de reforma, apelaciones a los autos judiciales, peticiones de prescripción y otra, una respuesta firme del juzgado de desestimar todos los recursos y apelaciones planteadas. La última apelación se presentó el 16 de julio de este año y la respuesta desestimatoria del juzgado el 6 de octubre, catorce días antes de la celebración del juicio. Toda este serie de argucias y artimañas legales a las que ha venido recurriendo asiduamente Galán Palmero, han conseguido alargar el pleito muchos meses y han llenado el juzgado de trabajo y de papeles, mas al final, todo parece que ha llegado a su fin.
Muchos años lleva el abogado presentando múltiples querellas contra muchas personas, entre ellas yo, y resulta paradójico que la primera vez que se sienta en el banquillo como demandado, el que presuntamente (por lo acontecido el martes) va a resultar condenado, será él. El tránsito de la situación de imputado o demandado a juzgado es grave, pero lo es aun más pasar de juzgado a condenado. Un borrón, una lacra, unos antecedentes que constan en un expediente, una mancha sobre la toga de alguien que se dedica a la abogacía y que se le presupone una moral intachable. Si es grave para cualquier persona el ser condenado por un ilícito penal, para un abogado lo sería aún más.
Es paradójico que en todos estos años que ha durado la llamada “guerra de las canteras”, la única condena por causa penal parece que presuntamente va ser para el abogado que ha llevado todo el peso de la acusación contra ayuntamiento, empresas y Junta de Andalucía, para el abogado de la PDSS y resulta también paradójico que la única víctima, las únicas lesiones físicas, probadas y juzgadas judicialmente, las haya sufrido una mujer trabajadora de una empresa de las canteras.
Una revisión de hechos, una visión pormenorizada de la situación actual en esta larga historia deja un pasado oscuro plagado de querellas, demandas, contenciosos y miles de folios judiciales. Deja un poso de lucha fratricida y partidista plagada de intereses políticos y no medioambientales y también una realidad incuestionable al día de hoy. Existe un Plan de Restauración, la Sierra se está regenerando, la mayoría de las querellas y contenciosos están finiquitados y existe una cierta paz social sobre este tema en la que implícitamente se acepta por todo el mundo que el problema está prácticamente solucionado.
Por el contrario, la situación en el otro bando presenta distintas características tras tantos años de lucha. La PDSS está prácticamente desaparecida, si no está muerta. IU, el partido que ha llevado esta guerra prácticamente en solitario está en una grave crisis, paralizado tras la baja laboral de Mercedes Ávila, de quien se comenta se encuentra en estado depresivo y que querámoslo o no, era el empuje y la punta de lanza de la lucha, todo, con la ayuda de su marido el abogado Galán. Un dúo que parece se ha atascado y que múltiples circunstancias los tiene en una desaparición voluntaria, una falta de presencia física que está afectando de manera sustancial en la actividad política de IU.
Ayer Galán Palmero dio “la espantá” en el juzgado y seguramente será condenado por ello, pienso, que si además también ha dado “la espantá” en la vida política de este pueblo, está actuando inteligentemente, y yo por primera vez, alabo su proceder. Visto lo visto y mirando el pasado desde una perspectiva objetiva, hay veces en que no merece la pena seguir en el ruedo lidiando un toro que no sabes torear y al que nunca podrás cuadrar para darle la estocada definitiva. Al contrario, te ha dado múltiples revolcones y ayer te produjo un escandaloso roto en el traje de luces. Tal vez es mejor hacer como hacía Curro Romero, dar la espantá. Aunque algunos tiren almohadillas los veteranos del tendido siete lo comprenderemos. |