Las segundas vacaciones de este año las he pasado en El Algarve, al sur de Portugal. La costa de esta región se extiende a lo largo de la costa Atlántica, desde Vila Real de Santo Antonio hasta el Cabo San Vicente.Hay dos partes bien diferenciadas. La primera de ellas, desde la frontera con España hasta Faro, chispa más o menos. Esta zona está marcada por el Parque Natural de Ría Formosa, un paraje que se encuentra entre las poblaciones y el mar. Esto condiciona el lado playero del viaje, porque las playas están al otro lado de la ría necesitando coger un barquito para ir. La segunda de ellas se extiende desde ahí hasta el Cabo, predominando en su orografía los acantilados y las calas a sus pies. Se alternan estas playas con otras extensas, en ambos casos de arena blanca. Ya sé que hay gente que no piensa lo mismo, pero creo que no tienen nada que envidiar a las del Caribe, claro que yo no he cruzado el charco todavía. Ya caerá. Resaltar que existen cuevas en la roca a las que solo se accede en barco, no os preocupéis, hay una red de barquitas y barqueros dispuestos a llevaros por un módico precio. También resulta curioso que a algunas de estas playas entre acantilados (¿a qué me recuerda?) se accede únicamente a través de túneles excavados por el hombre.
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De la visita al Cabo San Vicente y el borde costero de la población de Vila do Bispo, se comprende que le pusieran Finisterre al cabo de la tierra galega, al menos en cuanto a sensaciones se refiere. En ambos casos, fueron similares, aunque más acentuadas en Vila do Bispo. En este caso, la temperatura descendió casi diez grados paulatinamente conforme recorríamos el corto trayecto que separa esta población del mar. Dejamos atrás el sol para meternos bajo una nube que permanecía inmóvil sobre este paraje. El viento castigaba con fuerza y parecía que hubiésemos atravesado alguna extraña puerta para llegar a algún punto del Atlántico Norte. Una vez alcanzada la costa, con todo el Atlántico ante sí, no me extraña que los antiguos pensasen que aquello era el fin del mundo. Muy recomendable la puesta de sol en el Cabo San Vicente. Eso sí, llevaros abrigo por si acaso, porque si hace viento pega una fresquita que no veas.
Arquitectónicamente, predomina una estética colombina, con casitas blancas. La verdad es que en algunos aspectos es una prolongación de Andalucía. Pueblos recomendables en este aspecto: Tavira, Faro, Albufeira, Portimao, Lagos.
Como centro de operaciones, es recomendable alojarse en Armaçao de Pera, ya que está en el centro de la región, reduciendo los kilómetros a realizar en desplazamientos. Otra visita recomendable, el pueblo de Luz.
Gastronómicamente, pescado a la brasa es lo típico, con las sardinas como plato estrella, a veces había un olorcito a espeto que parecía que uno estaba en Málaga. En cualquier caso, no son iguales que las de aquí aunque vale la pena probarlas. Otro plato típico, el pollo piri piri, ¿lo adivináis? Sí, pollo picante. Tiene que haber alguna conexión entre el pil pil y el piri piri, ambos son aceititos picantes.
En definitiva, un destino cercano y recomendable, sobre todo por el entorno natural. Me recordó al Cabo de Gata, aunque más verdecito. Víctor Frías. Ver este reportaje también en Mundo Minúsculo |