En tiempo de la Gran Roma, el emperador Vespasiano se le ocurrió la “brillante” idea de cobrar un impuesto especial a los ciudadanos sobre la orina que expulsaban, es decir en las letrinas. Necesitaba terminar la construcción del Coliseo (tal vez disfrutemos de esta maravilla gracias al “pipi” de los romanos). Algo parecido le ocurre a nuestro gobierno, con el Sr. Rodríguez a la cabeza: en su afán de buscar “fuentes de financiación”, la halla según la ministra Salgado, en los bolsillos de la clase media. El “Vectigal Urinae” (como así se llamaba el susodicho impuesto) afectaba mayormente a la clase media ya que el campesino tenía el campo, y la clase inferior no usaba letrina: desde la ventana de la casa a la calle.
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Vespasiano ideó un sistema tributario acorde con sus necesidades, inventó un impuesto de recaudación rápido y directo, sin analizar sus posibles consecuencias. Entre otros, su hijo Tito, chocado por la idea, fue convocado por su padre, quien le incito a oler el dinero recaudado, preguntándole que si olía. Éste respondió que no, a lo que el emperador contestó que sin embargo era orina y que el dinero no olía a nada (recogido en las obras de Cayo Suetonio “Vida de los 12 Césares”).
Hoy habría que preguntarse si por la mala gestión del gobierno nos encontramos en esta situación; ya que desde un principio negó la existencia de la crisis, apostando por superar a Francia en renta per cápita, e insistiendo que ésta era falacia y puro catastrofismo (Libertad Digital, 14 de enero de 2008). No hay peor ciego que el que no quiere ver, el barco de la economía española empezaba a hundirse manifestando signos alarmantes que lo identificaba (paro, empleo precario, burbuja inmobiliaria, etc.). Ahora la ocurrencia para arreglar el desaguisado nos resulta históricamente conocida: aumentar los impuestos, una especie de “Vespanización”, al más puro estilo del gran emperador.
Mari Carmen Cara
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