La concentración de personas en un determinado espacio físico da lugar a una serie de necesidades y servicios que han de ser necesariamente compartidos por otros. En el caso que nos ocupa esos espacios públicos, desde el portal de nuestro bloque o la acera, hasta nuestros parques y jardines suelen usarse por ciudadanos que en muchos casos comparten paseo con animales de compañía. Sin duda el perro es el principal protagonista de esta convivencia y a estas alturas no creo necesario recordar los conflictos y situaciones derivadas de su presencia. Sin dejar de atender a las mínimas normas de convivencia y respeto hacia los demás, que quiero suponer tanto en los propietarios de animales como en los que no lo son, la propia configuración de esos espacios interviene sin lugar a dudas de forma muy relevante en la calidad de esa convivencia. Así, cuando nos encontramos en un ascensor de 1 x 1 m con un vecino y su “chucho”, dicho esto con todo el cariño, no podremos evitar, salir como mínimo babeados cuando lleguemos al tercer piso. Por desgracia el ancho de las calles y aceras se suele diseñar pensando más en los vehículos que en los peatones, si no que se lo pregunten a los minusválidos permanentes o circunstanciales, que somos casi todos alguna vez en nuestra vida, y por ello, tampoco es fácil evitar encuentros entre mascotas incompatibles, o situaciones más o menos desagradables además de poco higiénicas como las que todos estamos pensando. Por parte de nuestras administraciones, en la mayor parte de los casos, la respuesta a esta situación está siendo exclusivamente normativa y sancionadora, es decir, que se limita a colocar carteles de “prohibido perros” en nuestros parques, a regular las obligaciones de los propietarios, y a sancionarlos cuando no las cumplen. Sin embargo, la construcción de espacios de esparcimiento para mascotas en lugares públicos, ha demostrado en otras ciudades que añade, junto con la concienciación de los ciudadanos, el ingrediente básico para solucionar el conflicto. ¿Qué es un parque canino? Un parque para perros es un espacio acotado donde las mascotas pueden hacer ejercicio y jugar bajo la supervisión y control de sus dueños. Técnicamente precisan de pocos requisitos, entre los que destacan la propia valla, accesos organizados mediante puertas dobles o separadas, fuentes adaptadas para perros y humanos, zona diferenciada para perros de talla pequeña y sistemas de recogida y limpieza. También suelen dotarse de elementos de “agiliti”, como pequeñas rampas, puentes o tubos para que los perros puedan ejercitarse acompañados o en solitario.
¿Por qué un Parque para perros?
Sencillamente porque los perros ya están entre nosotros, y en el caso de Alhaurin se cuentan por miles, con lo que no es ninguna necesidad artificial o superflua, sino que vendría a satisfacer una demanda real de espacios donde poder pasear en libertad a las mascotas, y compartir la experiencia con otros amantes de los animales, además de permitir a los que no deseen esa convivencia poder aprovechar el resto de espacios públicos sin inconvenientes. ¿Dónde? Ese suele ser el principal punto de desacuerdo, aunque si atendemos a criterios estrictamente urbanísticos el mejor lugar seria aquel donde ya se estén paseando a los perros, es decir, habilitar un espacio apartado de las zonas habitadas o confinarlos lejos de donde son realmente necesarios solo serviría para que estuviesen desaprovechados o tal vez vacios. En ese sentido, la ubicación de estos espacios en las zonas ajardinadas comunes del núcleo urbano, urbanizaciones o barriadas, seria, siempre que se contase con espacio suficiente, lo más acertado. ¿Qué inconvenientes puede generar? En principio no deberían ser distintos a los que ya se generan en cualquier parque público, sino más bien al contrario, permitirían acotar la zona de “convivencia” a una más concreta respetando el resto. La Higiene, los olores o ruidos suelen ser también argumentos utilizados por los detractores, aunque en realidad los servicios de limpieza y vigilancia encuentran más limitada su zona de acción con lo que su labor da mejores resultados. Por otra parte en estos lugares se encuentran más equipamientos como dispensadores de bolsas, papeleras, etc.… que con la colaboración de los humanos evitan en buena parte estos inconvenientes. ¿Y ventajas? Las ventajas que encuentra el propio animal son evidentes al disponer de un espacio donde puede disfrutar con otros perros y sin la atadura de la correa. Para los propietarios, también supone una posibilidad de relacionarse con otros amantes de los animales, además de contar con la seguridad de que no está incumpliendo ninguna norma ni afectando al que no desee la compañía de su mascota. Y para el resto de ciudadanos, en cierta forma la concentración en estas zonas evidentemente libera otras que pueden disfrutarse sin los inconvenientes derivados de la presencia de perros. Además la concentración de personas por este motivo podría generar la necesidad de negocios o servicios como quioscos, cafeterías o incluso veterinarios o peluquerías caninas. ¿Qué aportan los parques caninos con respecto a la seguridad? Desde el punto de vista del propio perro, es un hecho probado que la posible agresividad de los animales se ve incrementada cuando están sujetos con una correa ya que añaden a sus reacciones naturales, el instinto de protección hacia su amo, que a todos los efectos es el “dominante” de su manada. Si se evitan los encuentros ocasionales a corta distancia de perros atados, por ejemplo organizando los accesos con puertas de doble esclusa, o separadas suficientemente las entradas y salidas, se puede comprobar que una vez desprovistos de correa esos mismos perros suelen jugar y compartir el espacio sin mayor problema. La separación en dos zonas diferenciadas del parque de los perros por tamaño, también aporta seguridad a los mismos animales que pueden afectar o verse afectados por el juego de otros de distinto tamaño. Esto unido a unas básicas reglas como evitar traer a hembras en celo, o no quitar el bozal a determinados animales potencialmente más peligrosos, añaden elevadas cotas de seguridad en el interior del recinto, además de que el acceso a niños estaría ineludiblemente condicionado a que un adulto asumiera la responsabilidad de darle permiso y acompañarlo. Y en el exterior, muy probablemente, además de reducir la presencia de mascotas en otros espacios, sería un aliciente para que muchos propietarios de perros usasen elementos como la correa o el bozal, que a veces no usan por lastima hacia sus animales, pero que sabiendo que solo serian necesarios “por el camino”, tal vez se animasen a usar pensando en que poco después los perros podrán pasear libremente en un espacio seguro pare ellos y para los demás. ¿Lujo o necesidad? No es demagogia decir que antes que este equipamiento público son necesarios otros muchos, al contrario, es absolutamente cierto. Un municipio que necesite una guardería municipal, un semáforo en un punto negro o una reparación del pavimento de una acera debería solucionarlo mucho antes que pensar en construir un parque canino, pero, en la situación de que todas estas cosas se estén solucionando de forma más o menos habitual, la más inteligente de las posturas seria decir: “también”. También un parque canino es un equipamiento necesario y práctico para dotar de calidad la convivencia de nuestra comunidad, entre humanos con humanos, con perros o sin perros, a través de la convivencia en espacios públicos adaptados a sus mascotas. Acabo esta reflexión como argumento añadido al debate acerca de los animales de compañía, con la única intención de aportar soluciones para favorecer la convivencia de calidad entre todos los vecinos de nuestro pueblo y con la sospecha de que desde los pies de mi sofá, enrollado entre mis piernas mi gato Obama me mira, quien sabe, si preguntándose para cuando un parque felino. Juan Manuel Mancebo Fuertes ELECTORES ALHAURIN. Foro participativo sobre la realidad social, cultural y política de Alhaurin de la Torre. Septiembre 2mil9 www.electoresalhaurin.blogspot.com |