Sin embargo estamos dispuestos a pagar por un espectáculo que consiste en exhibir a una mujer con poca ropa y valorar lo buena que está. Ese es todo su mérito y tal vez su salto a una efímera fama sin base alguna. Con la igualdad y para que no se diga que se utiliza a la mujer como si fuera carne y nada más que carne sin necesidad de cerebro, se añade la pantomima de elegir también a un varón.
La elección de mises es un espectáculo indigno que valora algo tan efímero y pasajero como la belleza física, un bien poco perdurable en el tiempo y con el cual se está utilizando a una pobre muchacha como un objeto de consumo de usar y tirar ¡El año que viene elegimos a otra más joven!
Con semejantes eventos se fomenta la cultura del pelotazo, la fama y el triunfo sin esfuerzo, la obsesión por el aspecto exterior, la superficialidad, la apariencia y la banalidad; cosas todas ellas a las que nos acostumbramos más cada día dejando por completo en la cuneta los auténticos valores que nos hacen humanos. A esto se dedican ahora nuestros insignes políticos y a esto destinan nuestros impuestos, además de a la enorme y creciente necesidad que tienen de adornar rotondas.
Pero no sé para qué me entretengo diciendo estas chorradas cuando de todos es sabido que los ayuntamientos actuales, y no sé si también los de tiempos pasados y futuros, son casas de corrupción y prebendas que en semana santa se engalanan para pasear vírgenes.
¿Será pecado decir esto?
Por el momento me conformo con el hecho de que no sea delito. |