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Tu diario. Libertad de expresion

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Agradecimientos y críticas

Paco Acosta. 18.08.09 

Deseo, desde el diario digital Alhaurín.com, expresar mi más profundo agradecimiento a todo el equipo y personal sanitario del Centro de Salud “Practicante José Molina”, de Alhaurín de la Torre, así como al Área de Urgencias del Hospital Clínico Universitario de Málaga. En ambos centros, a raíz de una dolencia más dolorosa que grave de la que aún convalezco, y pese a la falta de personal que todos conocemos y que se agrava en época de vacaciones, he sido tratado con una exquisita atención tanto personal, como profesional y humana por unos eficientes profesionales pendientes en todo momento de la evolución y mejora de mi dolencia, así como de atenderme en cualquier petición o necesidad en la medida que les era posible. Unos excelentes profesionales que van desde el cuadro de médicos y A.T.S. hasta la recepción, pasando por el personal de limpieza. Tenía necesidad de decirlo, y dicho queda.

Pero también tengo algunas quejas que expresar de las que dicho personal sanitario es completamente ajeno. Pero estas quiero hacerlas como respuesta a un escrito enviado a este medio digital el 8/8/09 por el Sr. Don Román Serra Luque, que no pude responder entonces, y al que me dirijo desde este momento:

A las 11 de la mañana del lunes 3 de agosto entré en el Área de Urgencias del Hospital Clínico, y enseguida me sentaron en una silla de ruedas en la que, empujado por un celador, fui recorriendo diferentes departamentos y pasando los necesarios análisis de sangre, de orina, control de temperatura, de tensión etc. para determinar, supongo, mi estado de salud y comenzar el tratamiento adecuado. Una hora después, cubiertos los primeros trámites, me dejaron sentado en un cómodo sillón reclinable, en la llamada “Sala de Observación”, para seguir con los oportunos tratamientos. Y aquí, Sr. Serra, empezó un tormento inimaginable: 26 horas sentado en un sillón que, si al principio me pareció cómodo, después de más de un día clavado a él, con fiebre, una molesta sonda y los brazos soportando sueros y antibióticos me dejaron el cuerpo peor y más dolorido de lo que lo tenía al ingresar. Una sala compartida con otros 18 enfermos, hombres y mujeres en embarazosa promiscuidad, sentados en otros tantos sillones situados unos frente a otros y separados entre sí por no más de cincuenta centímetros; 26 horas interminables soportando una noche eterna casi en absoluta inmovilidad, pero amenizado todo el tiempo por los Bip. Bip. de los diferentes aparatos a los que estábamos conectados. Cuando pregunté como nos podían tener tanto tiempo en tan inhumanas condiciones, la respuesta fue tan sencilla como contundente: no hay camas.

Y Usted se preguntará, ¿y yo que tengo que ver con su problema? Absolutamente nada, Sr. Serra: simplemente quería poner en su conocimiento, después de la demoledora crítica que hace del PP en su escrito, y si usted no me demuestra lo contrario con la contundencia que emplea en otras cuestiones, que la gestión de la sanidad, tanto a nivel autonómico como estatal corresponde a nuestro inefable PSOE. Y que la gestiona de forma deplorable, a juicio de la mayor parte de los españoles.

Usted, estimado D. Ramón, ejerciendo su pleno derecho a la libertad de opinión que yo respeto como no podía ser de otra forma, envió a este medio digital el escrito al que hago referencia, el cual me parece totalmente fuera de lugar y de tiempo por la rotundidad con que critica usted al PP en cuestiones que ya han sido debatidas y criticadas desde todos los ángulos. Lo que en política hoy es noticia reciente, mañana se convierte en antigua, no porque haya perdido interés, sino porque otra ha venido a desplazarla y que, pasado mañana, estará convertida definitivamente en obsoleta.

En su escrito me admira entre otras cosas su facilidad de presunción y, sobre todo, su rotundidad al afirmar que “puede demostrar que fueron miembros del PP los primeros en hacer uso de la ley que permitía las bodas entre homosexuales”. Sin embargo, parece querer olvidar que uno de los primeros en ampararse en ella fue aquel que más trabajó en sacarla adelante: Pedro Zerolo, cabeza de lista y concejal socialista en el Ayuntamiento de Madrid y que era, creo, quien más se merecía acogerse a ella. Porque aquella ley, Sr. Serra, aunque el PP (y algunos miembros del PSOE) se opusieran, era una batalla perdida que la ganaron aquellos que era lógico y justo que la ganaran: los homosexuales. Por eso le decía que su escrito está fuera de lugar y de tiempo: el domingo 2 de agosto, Jerusalén se echó a la calle para protestar por el brutal y cobarde asesinato de dos homosexuales. Cada vez van quedando menos intransigentes y homófonos ya que el tan cacareado macho ibérico está invadiendo cada vez más lo que siempre ha sido considerado parcela femenina: nos teñimos el pelo, nos depilamos enteramente, nos colocamos pendientes y piercings y utilizamos más cremas y perfumes sólidos que la más sofisticada fémina. Hoy ya no se pueden ni se deben criticar actitudes que siempre hemos tratado de aberrantes en los demás.

Usted, Sr. Serra, ha utilizado su escrito como un pequeño bol en el que ha hecho aliño para varias ensaladas. En él preconiza que “se aprobará la ley del aborto y que los primeros en usarla serán los del PP”. Las leyes, Sr. Serra, están hechas para contemplar diferentes supuestos; y así como no se puede condenar con la misma rigidez a quien roba un móvil que al que asalta con violencia una joyería, en el aborto también habrá situaciones en las que será necesario emplearlas y casos en que en los que no debe de permitirse su empleo; en ambos casos creo que debe primar el sentido común. Pero usted va más lejos y dice textualmente: “Luego, una niña de 16 años se quedará embarazada y tendrá que traer un hijo al mundo sin quererlo, lo mal-cuidará, lo abandonará etc. etc.” Yo, Sr. Serra, optaría por educar no sólo a esa niña de 16 años sino a muchos mayores para que asumieran que el embarazo no es un huevo que se fríe y que si no sale a gusto de la cocinera se tira y se fríe otro. Me niego rotundamente a considerar a la mujer una cañería que se atora y se desatora a voluntad, y estoy seguro que ellas serán las primeras que considerarán denigrante que se las tenga en tan poca valoración. Estimo que a esa edad, si acepta por voluntad propia compartir cama con un hombre, debe de estar preparada para evitar el posible embarazo y no tener que vivir la situación caótica que usted retrata tan crudamente. Eso es lo hace la pareja cuando ambos son conscientes de sus responsabilidades en tanto que personas. Luego vendrán los supuestos que usted quiera: violación, malformación o enfermedad del feto etc. etc. en los que yo estoy de total acuerdo en la inmediata paralización del embarazo. Pero no en cualquier circunstancia. A eso le llama usted “criticar por criticar” y “oposición destructiva” del “antiguo y estancado Partido Popular”. Pero no olvide que, aunque no haya que darle demasiada importancia a las encuestas, las últimas señalan una ligera intención de voto a favor del, para usted, “tan poco humilde y respetuoso” Partido Popular. No descarte pues, que dentro del propio partido se estén elevando voces disconformes con muchas de las políticas que lleva a cabo el actual gobierno socialista.

Puede, Sr. Serra, que pronto sea aprobada esa otra ley que permitirá a esa menor de 16 años a la que usted mismo llama niña, abortar sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, en nombre de una libertad de singladura que no siempre la llevará a buen puerto; ley que también ha sido abiertamente criticada por muchos miembros de la más alta cúpula del PSOE. Porque el aborto, independientemente de las cuestiones morales y éticas que pueda suscitar en la mujer, debe ser una de las situaciones más angustiosas y traumáticas que debe soportar esa misma mujer, sean cuales sean las razones que lo provoque. Embarazo deseado o no, no creo que ninguna mujer se sienta feliz de arrancar de su cuerpo algo que ya forma parte de ella y que le pertenece por entero. Sin contar que esa extirpación violenta puede producirle malformaciones físicas irreparables que más tarde puede lamentar. A eso también podría aplicarse la palabra “crimen”, que usted tanto prodiga en su escrito

No me tome por mojigato, Sr. Serra, que no lo soy en absoluto. Solamente creo que la ley, cualquier ley, debe de ser aplicada con el convencimiento de no lesionar ni física, psíquica, ni moralmente. A nadie. La misma ministra de sanidad que pretende aprobar la ley del aborto a menores de 16 años sin el conocimiento ni la autorización paterna, quiere prohibir de fumar a cualquier edad y en la mayoría de lugares. Todo sea por gobernar aunque sea a fuerza de decretazos. O casi.

En fin, Sr. Serra, aún tendríamos muchas más ensaladas que aliñar: la educación, el paro, etc. etc. que con la sanidad son gestiones todas ellas creo que bastante mal llevadas por el PSOE. Pero eso será otro día para no cansar a los lectores con nuestras elucubraciones.
Un cordial saludo.
Paco Acosta

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