Los representantes son personas que los partidos políticos designan de entre sus militantes para ocupar el puesto, en función del funcionamiento y del nivel de democracia interna de éstos. En cualquier sistema democrático, la mayoría absoluta se obtiene cuando se reciben más de la mitad de los apoyo. Como vemos, es una ciencia exacta. En política se dice que un grupo obtiene mayoría absoluta cuando recibe más del 50% de los votos válidos de unos comicios. En este caso, su grupo representará la mayoría de la cámara y podrá, por sí mismo, sacar adelante todas sus propuestas y negar o aceptar las de los otros grupos representantes sin ningún tipo de control. En la democracia ateniense, las asambleas eran el lugar donde cualquier ciudadano podía iniciar propuestas, debatirlas, mejorarlas y votarlas por el bien de la polis. Todos los varones mayores de 20 años podían asistir a ellas, es más, era un deber hacerlo. No había propuesta que no se sometiera a debate. Ése es el espíritu de la democracia. Hoy en día, si un partido obtiene mayoría absoluta en cualquier cámara de representación ciudadana (sistema representativo más al estilo romano) podrá hacer y deshacer a su antojo, ninguneando a la oposición, faltando las normas básicas democráticas. La oposición deja de tener sentido, para qué, si el grupo mayoritario no necesita exponer a debate sus iniciativas ya que por sí mismos podrán aprobarlas. La mayoría absoluta en un sistema democrático es la autocracia respaldada por la ley. El partido que goza de esta posición podrá cometer todos los excesos que el estado de derecho le permita, rozando lo ilegal y sobrepasando lo moral y lo ético, que nadie podrá discutir sus decisiones. Esto es la mayoría absoluta. Para una gestión sabia del poder, en democracia es necesario que: 1º) Principalmente, los representantes sean personas cualificadas y con un desarrollado sentido de la responsabilidad, casi altruistas; políticos por vocación. Los Sabios, como decía Platón. 2º) Alta participación ciudadana en la vida política. No solo tomando decisiones, si no también denunciando los excesos. 3º) Preocuparse por que el pueblo esté correctamente educado, sea consciente, responsable, libre, tolerante. Preocupado por los temas que interesan a la sociedad en general y su hábitat. 4º) Absoluta transparencia por parte de los representantes hacia los representados. Es fundamental que el pueblo conozca con detalle la gestión que se hace de los recursos, de las decisiones tomadas. Si no, además de faltar al respeto a pueblo al que se representa (algo totalmente incoherente e intolerable), se estará fomentando la ignorancia y los ciudadanos no podrán opinar y juzgar sobre la gestión, ya que la desconocen.
Debemos reflexionar, pues, qué clase de país queremos y elegir adecuadamente a nuestros representantes políticos. Son a nosotros a los que representan y por ello debemos estar atento a todos sus movimientos. Es nuestra responsabilidad. Nosotros los elegimos y a nuestro servicio deben estar. www.politicaeficiente.blogspot.com
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