 Contaban los indios americanos que los árboles gritaban cuando los iban a cortar… Llevo días desquiciada con el ruido de las sierras las excavadoras y los gritos de los árboles; escucho a los árboles gritar por las noches, los escucho en las mañanas desde muy temprano, veo sus fantasmas en esta avenida desolada y tan sólo quiero que acabe pues resulta insoportable asistir en primera fila a esta devastación. Contemplo el fracaso de los seres humanos, y el mío propio, incapaces de cuidar la naturaleza protectora esta vez en forma de árboles.
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Unos árboles de cuarenta años, grandes ejemplares en muchos casos que caen uno tras otro bajo las sierras. No son árboles protegidos ni autóctonos, si lo fueran no confiaría en que corrieran mejor suerte que las jacarandas, falsas pimientas y los ficus gigantes. Todos los árboles grandes tendrían que estar protegidos sin excepción, sobre todo cuando esos árboles grandes van a ser sustituidos por más asfalto (donde maldita la falta que hace) palmeras y endebles jacaranditas, ninguno de ellos autóctonos pero mucho más pequeñitos y con necesidades de riego.
Tan sólo espero que el ayuntamiento se luzca en verde, en ecología de la buena y no en maquillaje para el polvo, en arreglar lo que ve la suegra y en despilfarro; esta vez espero que saque del armario a algún sesudo pensante capaz de hacer algo buen y no los cuatro putos carriles y las pequeñas palmeritas con picudo en fila india con las que nos amenazó D. Luis Bravo para consternación de los que aquí vivimos.
Esperemos que el sesudo pensante no sea el mismo que proyectó la parida de la plaza del pueblo donde también se cargaron los árboles, no cabe mayor monumento al mal gusto que ese. En Andalucía, un pueblo verde sostenible pasa por cuidar cada árbol y planta que no requiera de riegos continuados y que cada planta nueva que se siembre sea autóctona y resistente a la sequía, todo cuanto no sea eso está condenado de antemano, como lo están los abandonados jardines de Taralpe llenos de basura por todas partes, con riegos automáticos que se salen y desperdician el agua sin vigilancia de ningún tipo ni cuidado alguno, agua potable procedente de los pozos de Pinos que se llevaron hace dos años cuando se inició la batalla por los árboles y con los árboles como cortina de humo para llevarse el agua. Pero que importancia tiene lo que digo señores si nuestro alcalde mantiene que debajo de la sierra corre un río inagotable de agua. Al menos confiará, suponemos, en que sea inagotable mientras él sea alcalde.
El ruido de las sierras y el que los árboles producen al quebrarse continúa, ruido que me ha acompañado mientras escribo estas líneas y me acompañará muy a mi pesar durante las próximas semanas; para quien lo dude le diré que no me importa el color del partido que haga esta y otras muchas barbaries, me importa sencillamente que lo esté haciendo y que todos lo consientan. |