Nos dicen que no se trata de una tala y que “la mayoría de ejemplares….se van a salvar en su nueva ubicación”. No hay más que ver la foto adjunta, tomada a eso de las 19 horas del martes 14, en la que se aprecia una jacaranda arrancada de cuajo, sin cepellón de tierra que proteja sus raíces que estuvieron todo el día secándose al sol con temperaturas de 38ºC (hubo terral). Pretenden que creamos que la intención era trasplantar con éxito la desgraciada jacaranda. Si todos los árboles son (mal)tratados así, la probabilidad de que sobrevivan es muy escasa. Pero bueno, así cuando se sequen habrá excusa para sustituirlos por unos nuevos que den “frescor y frondosidad”. ¿O es que soy muy mal pensado?
Nos dicen que esta actuación se lleva a cabo con la “petición expresa de la Asociación de Vecinos Depinos”. Bien, esta asociación no es representativa. La pertenencia a la misma es voluntaria y supone el pago de una cuota. Antes de las últimas elecciones a la presidencia de la asociación se dieron una serie de curiosas circunstancias como que varias personas de una misma vivienda se dieron de alta justo antes de la reunión (no se si se dieron de baja justo después) y otras irregularidades que, en mi opinión, restan toda legitimidad (y en cualquier caso toda representatividad moral) a la actual dirección, que por otra parte fue elegida por unas pocas decenas de personas. La opinión de estas pocas decenas es más importante para nuestro ayuntamiento que la de los miles que firmaron la oposición expresa a dicha actuación.
En un escrito anterior hice una defensa de los motivos por los que, en mi opinión, esta actuación es inútil (por innecesaria), ambientalmente injustificable y despilfarradora de dinero público. Es lamentable comprobar que no es capaz el Ayuntamiento de dar ninguna razón que la justifique de forma sensata.
Y le echamos la culpa a nuestros representantes, pero en el fondo la culpa es nuestra. Nosotros los elegimos. Ya sabíamos que los criterios que siguen no son el bien común. Sobradas muestras han dado con su vergonzosa actuación en el tema de las canteras tanto a nivel municipal como autonómico. Y de los criterios de sostenibilidad ambiental ni hablemos. A nadie le importa un pimiento que nos estemos cargando el planeta, y permanecemos impasibles ante unos modos económicos y sociales que, a nivel mundial, están demostrando su injusticia, insolidaridad y (últimamente) su insostenibilidad.
Pero somos nosotros los que elegimos a nuestros gobernantes. Somos nosotros los que permanecemos impasibles ante tanta irresponsabilidad. Y cuando se vuelva contra nosotros el planeta, el hambriento tercer mundo, o nuestro infalible sistema neoliberal, entonces ya será demasiado tarde. Mientras tanto: sigamos contemplando cómo arrasan los árboles de Pinos.
Eduardo Sáez Maldonado
|