En un delicado momento en que una parte del flamenco camina por unos andurriales que están lejos de ser los que los buenos entendidos desearan, muchos jóvenes de las nuevas hornadas de aficionados, inmersos en no se sabe bien que innovadoras teorías y revolucionarios conceptos sobre el cante flamenco, no conocerán lo que esta gran cantaora representó durante los años 50-70, y lo mucho y bueno que su arte aportó al cante. Mitad gitana por parte de padre, la Paquera de Jerez ha sido la que más ha destacado de la familia de los Méndez, afincados desde varias generaciones en el jerezano barrio de San Miguel donde ella, desde su infancia, vivió rodeada del ambiente más propicio para empaparse de la solera flamenca y cantaora del popular barrio, cantando en cualquier sitio donde pudiera desarrollar su afición al cante, afición que pronto se manifestaría arrolladoramente imparable.
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Con tan solo 16 años se traslada a Madrid donde pronto se le reconocerían sus grandes facultades de interpretación, pasando a trabajar de inmediato en el tablao El Corral de la Morería. Trabajó igualmente y durante mucho tiempo en la mayoría de los existentes en la capital de España, entre los que cabe destacar el de Los Canasteros; cantando en los tablaos madrileños cimentaría la enorme fama que gozó durante muchos años. Sin ser una cantaora larga, los palos que interpreta los hace perfectamente bien, sobre todo las bulerías, que las canta con extraordinaria flamencura y con un gran sentido del compás, que no en vano fue proclamada, en 1971 Reina de la Bulería. Sus fandangos, interpretados de forma magistral son, de tan agresivos, como cuchillos de hielo que te penetran en la sangre y te ponen al borde del colapso. Destaca igualmente en tientos y tangos así como una excepcional saetera. Su cante, tan próximo al estilo caracolero, tiene un pronunciado sabor gitano y un especial regusto a los vinos de su tierra que, como los cantes, tanta fama han dado a Jerez de la Frontera. Ha hecho versiones de dos de los mayores éxitos de Manolo Caracol: “La salvaora” y “La niña de fuego”, que alcanzan una gran calidad. Su repertorio es, casi en su totalidad, flamenco. Se dice que nadie como ella ha cantado por bulerías, llegando a comparársela al El Gloria. Y si bien como artista de tablao alcanzó una gran fama, la Paquera de Jerez ha paseado su arte por toda España con un gran número de espectáculos teatrales en los que ha intervenido junto a las primeras figuras del cante flamenco: Rafael Farina, Juanito Maravillas, Valderrama, Juanito Osuna etc., cosechando siempre grandes éxitos. En el capítulo discográfico, su primer disco lo grabó en 1953, cuando aún eran de pizarra, en el que ya impresionó sus famosas bulerías; tenía 19 años y le pagaron doscientas cincuenta pesetas por aquella grabación que hoy es pieza de colección. Su segundo disco representó para ella uno de sus mayores éxitos: “Maldigo tus ojos verdes”, un tango aflamencado que compuso para ella el poeta gitano Antonio Gallardo. A partir de aquellas primeras grabaciones su discografía, bastante amplia, la acredita para siempre como una de las mejores intérpretes de los cantes jerezanos. Si para las nuevas generaciones es casi una desconocida, los buenos aficionados no olvidan que La Paquera fue una primerísima estrella del flamenco.
LA PAQUERA DE JEREZ QUEJÍO JEREZANO
Todo el compás y el duende gaditano se estremecen oyendo como canta, y el puente de Carranza se levanta para aplaudir el arte jerezano.
Al tremolar su grito soberano hasta el cristal del aire se quebranta, y escapa de su espléndida garganta la hondura de un quejío sobrehumano.
Cantares y bodegas, en Jerez, producen esa cálida embriaguez que deja los sentidos palpitantes.
Pues siendo paralelos los caminos, igual que te emborrachas con sus vinos te emborracha la esencia de sus cantes.
Paco Acosta Roldán |