Nacido en el popular barrio de Santa María, gaditano hasta los tuétanos y flamenco desde la cuna, escuchar cantar a Chano Lobato es transportarnos, en ese mágico ambiente que crea el cantaor, a Cádiz y a sus fiestas más populares. Y no entendamos por esto que Chano es un cantaor festivo que solamente hace los cantes que le van a su temperamento abierto y gracioso. Chano es un gran conocedor del cante, y todo lo que canta lo hace bien y no solamente los estilos propios de su tierra; su forma de interpretar seguiriyas, soleares, malagueñas, tonás y un largo etc., demuestra que es un cantaor de los que se dicen que son completos. Lo que ocurre es que cuando está en el escenario, entre cante y cante, Chano es un derroche de simpatía que enseguida establece un cálido contacto con el público, al que hace reír con sus ocurrencias y múltiples anécdotas, despertando entre los asistentes un torrente de afecto y admiración.
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Todo el que ha visto a Chano en un escenario, sabe que éste empieza ganándose al respetable con esa forma de ser tan personal que podría parecer poco seria. Pero cuando empieza a cantar, Chano se entrega por entero embriagado por su propio cante, haciendo brotar toda la jondura que lleva dentro. Y donde antes era un intercambio de risas y palabras simpáticas entre cantaor y público, se hace un silencio total, casi de religioso respeto, para escuchar al maestro. Y el torrente de aplausos con que es premiado cada uno de sus cantes, es suficientemente elocuente del cariño y admiración que se le tiene a este gran artista. Chano Lobato es payo integral aunque algunas veces lo hayan creído gitano. Seguramente, haber nacido en un barrio donde viven tantas familias gitanas lo condicionó por una suerte de mimetismo, y de ahí le viene esa forma de cantar por la que ha recibido innombrables premios y distinciones a lo largo de su carrera, por la que igualmente recibió, el año 1986, la III Distinción Compás del Cante. Chano Lobato es un artista polifacético; todavía lo recuerdan en Cádiz cuando, casi niño, junto a la Perla, Curro la Gamba, los hermanos Jineto y otros artistas fundidos en el crisol de arte que es el barrio Santa María se vestían, llegado el carnaval, y reunidos en una improvisada y alegre compañía se lanzaban a las calles de Cádiz cantando y bailando y solicitando luego la voluntad. Y Chano era uno de los que bailaban, aspecto artístico suyo poco conocido, ya que para lo que él se encontraba capacitado era para el cante; lo de bailar fue un periodo verdaderamente fugaz y sin ninguna relevancia, aprendido de los gitanos que tanto frecuentaba. Pero el verdadero inicio de su carrera artística sí fueron aquellas fiestas durante el carnaval, que luego se fueron celebrando en las muchas ventas de Cádiz y sus alrededores, y fue en ellas donde se cuajó este cantaor gaditano que ha sido uno de los mejores cantaores para bailar que han existido, como lo demuestra los casi veinte años acompañando al bailarín Antonio y el haber sido siempre requerido por los mejores bailaores. Posiblemente porque se siente más cómodo Chano canta hoy junto al guitarrista. Y si el cante de “atrás” perdió a uno de sus mejores y más reconocidos intérpretes, el de “alante” lo ganó para gozo de los amantes de esa magnífica estampa flamenca compuesta por el cantaor conversando con la guitarra.
CHANO LOBATO LA SAL DE CÁDIZ
Lo puede parecer, mas no es gitano aunque aprendió de la gitanería, que no en vano nació en Santa María, el barrio más flamenco y gaditano.
Del cante por derecho es artesano; (si el cante es laboriosa artesanía, jamás se encontrará en Andalucía quien haga esta labor mejor que Chano).
Tiene preso el compás en su garganta y un duende que del pecho, cuando canta, abandonar intenta su clausura. Y cual si celebrara un viejo rito, rompe Chano su claustro con un grito liberando el compás y la jondura.
Paco Acosta Roldán |