Capítulo XVIII. Durante los años más duros y difíciles de la dictadura en España, José Menese fue, quizá, el cantaor que con sus coplas se enfrentó, de la forma más encubierta, al régimen franquista. Aún siendo cantaor desde muy joven, lo era más aún cuando ya bullían en su cabeza unos convencimientos políticos nacidos en parte como consecuencia de haber vivido en el seno de su familia las atrocidades sufridas durante la guerra por el bando perdedor. Esas ideas en contra del franquismo las reflejaba, en parte, en las letras flamencas que para él componía Francisco Moreno Galván. Paisano suyo, Moreno Galván, pintor y poeta, fue quien le aconsejó que marchara a Madrid donde, como tantos otros artistas, tendría mejores oportunidades de abrir las puertas de la difícil carrera de cantaor que acababa de empezar para él.
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Ya en la capital de España, Menese actuó en el célebre tablao Zambra, donde fue adquiriendo el oficio que le faltaba. Por otra parte, y paralelamente, con sus frecuentes actuaciones en diversos colegios y centros universitarios, José influyó enormemente entre los estudiantes consiguiendo que estos adquirieran un concepto diferente sobre el cante jondo y le reconocieran una importancia que para ellos no tenía hasta entonces. Natural de la Puebla de Cazalla e hijo de un zapatero remendón, José ayudaba a su padre desde muy joven en las tareas propias del oficio zapateril. Aficionado al cante desde muy niño, desde que empezó a cantar y durante algún tiempo, Menese estuvo claramente influenciado por el cante de Antonio Mairena, del que fue el más ferviente seguidor y aventajado discípulo; después, sus formas fueron evolucionando hasta encontrar su propia personalidad como cantaor, haciendo que su cante y estilo fueran inconfundibles. En 1965, cuando todavía prestaba servicio a la Patria, solicitó permiso para participar en la cuarta edición del Concurso de Cante Flamenco de Córdoba, en el que ganó el Premio de Honor "Tomás el Nitri" el cual, además de abrirle algunas puertas que se le mostraban recalcitrantes le ayudó, al adquirir confianza en si mismo, a consagrarse definitivamente como cantaor flamenco de primera línea. La voz de Menese es una de las voces más flamencas y hermosas que ha tenido el cante. Inconfundible e irrepetible. Aun cuando él no sea gitano, la voz le suena a cal y a humo por los cuatro costados como él mismo reconoce. La voz de Menese es sufrimiento puro cuando corta el cante con la agudeza del más afilado cuchillo. Quien esto escribe no cree haber sufrido más que cierta noche oyendo a José cantando una saeta por seguiriya en no recuerdo que iglesia sevillana. Era el desgarro de la carne viva hasta hacer brotar la sangre con un dolor casi insoportable. La voz de Menese le sale de tan adentro, que hace que te precipites con ella hasta las simas más profundas del cante jondo. Comparándola a las voces pictóricas de Picasso o Miró, de ella dice el crítico de arte José María Moreno Galván: ... y porque todos se nutren hoy en la fuente común de lo jondo, los artistas, los verdaderos, entienden y se compenetran con la voz sombría y terrible de José Menese; sienten que esa voz, como otras voces de la misma casta, nacen en las mismas profundidades subterráneas donde a ellos les nacen sus obras y pasa, además, por la sangre de todo lo que ellos hacen”. También el poeta Blas de Otero dice de ella: La voz, la voz que cierra y abre las palabras, el cante cortado de perfil, bruscamente. Voz acendrada ensanchándose desde dentro”. Esa es la voz profunda y terrible de José Menese.
JOSÉ MENESE LA VOZ REBELDE
Es la voz más rebelde y más terrible pero a la vez, de más rara hermosura: el cante lo parió con tal jondura que asomarse a su fondo es imposible.
Es fuente de caudal incontenible de ritmo, de compàs y de mesura por la que mana hermosa, fresca y pura la fuerza de esa voz irrepetible
Suena su voz a llanto de campana simulando tener raíz gitana por su rancio sabor a fragua y humo.
Voz de sima tan negra y tan profunda donde el cante parece que se hunda para luego elevarse hasta lo sumo.
Paco Acosta Roldán |