A punto estuvo de desvanecerse aquel dorado sueño abrigado por Rocío, falta de los medios económicos necesarios para atender a una formación artística conveniente; pero gracias a la generosa ayuda de su abuelo prestándole algún dinero Rocío, acompañada de su madre, se traslada a Madrid donde se inscribe en la academia del maestro Quiroga para recibir clases de canto. Pero no pasa mucho tiempo en que, acabado el dinero del abuelo, Rocío se ve forzada a buscar donde ganarlo y, siempre acompañada de su madre, recurren a una antigua conocida de Chipiona la cual les presenta a Pastora Imperio, dueña del Tablao Flamenco "El Duende", dirigido por Gitanillo de Triana, yerno de la gran Pastora, quien la contrata para formar parte del coro flamenco del tablao. Rocío se encontraba allí como pez en el agua ya que sus raíces eran flamencas, que no en vano uno de los premios ganados había sido en el Festival de Cante Jondo de Jerez, donde se elevó con el primer premio participando con cantes de Huelva y de su Cádiz natal. No hay que olvidar que Rocío domina otros muchos palos del flamenco; su padre y su madre, zapatero él y dedicada a sus labores ella, eran muy buenos aficionados al cante. A Rocío pronto se le quedaría pequeño "El Duende. Necesitaba la prueba de fuego del teatro y pasa a trabajar en espectáculos teatrales, primero en la compañía de El Príncipe Gitano que llevaba el espectáculo “Aquí estoy yo”, y un año después en de la de Manolo Escobar con “Pregón de amores”. Con ambos adquiriría tablas y recorrería España entera. Después de estas experiencias, Rocío monta su propio espectáculo: “Rosa y aire” escrito por Rafael de León y Juan Solano, con el que inició el despegue que la llevaría a la fama. Una fama cimentada por las numerosas grabaciones en las que cantaba zambras, boleros, tientos y otras mucha canciones, alegrías fandangos, en las que era acompañada por Ramón Montoya, Paco de Lucía o Niño Ricardo. Así fueron los principios artísticos afrontados por Rocío Jurado; principios difíciles como soportaron la mayoría de los artista de la época y que ella, allanando obstáculos y venciendo dificultades los superaría con su inquebrantable vocación y una extraordinaria fuerza de voluntad; la misma voluntad con que se ha sobrepuesto a las críticas y amargas situaciones a las que ha tenido que enfrentarse en su vida personal. Haría falta un espacio mucho mayor del que permite este perfil para trazar la larga trayectoria de éxitos conseguidos por Rocío; catalogar la cantidad de espectáculos y galas en las que intervino; enumerar las canciones que fueron número uno o contabilizar los incontables premios y condecoraciones recibidas. En cuanto a sus intervenciones cinematográficas, Rocío ha rodado, entre España y Argentina, una decena de películas, la mayoría de las cuales no han contribuido en nada a su gloria; otra cosa es el amplísimo repertorio discográfico que deja, donde los éxitos se han sucedido uno tras otro en estilos tan variados como el flamenco, la copla, la balada o la canción pop, compuestas para ella por los mejores y más variados letristas y compositores. Su versatilidad interpretativa hizo acuñar una frase que dice mucho a favor de esta extraordinaria artista de Chipiona: "A Rocío Jurado, en cante, lo que le echen". Una cruel e implacable enfermedad, llevándosela en plena juventud física y artística, privó a la copla de una de sus mejores y más brillantes interpretes, a la música de una voz prodigiosa e irrepetible, y a España de su artista más querida y universal.
ROCÍO JURADO ESPAÑOLA UNIVERSAL
Al mundo enamoraste. Tu bandera era un rojo clavel; se volvió loca la flor ensangrentada y, en tu boca, quedaba para siempre prisionera.
Cuando tu voz emprende la carrera audaz como corcel que se desboca, unas veces seduce, otras provoca, con vivo resplandor de ardiente hoguera
En ti renace el arte puro y vivo; de tu belleza Eros quedó cautivo y las Gracias te prestan su corona.
Eres pregón de sal, de luz, de verso, eres grito que llena el Universo brotando de tu tierra de Chipiona.
Paco Acosta Roldán |