CAPÍTULO XI. Si el cante pudiera ser dibujado, un cantaor que podría transplantarlo a los lienzos con todas sus notas sería, sin duda, Calixto Sánchez. Sus manos parece que manejaran unos invisibles pinceles para trazar en el aire, con elegantes movimientos, el arco melódico de cada una de sus interpretaciones; si alguien lo viera cuando canta sin oír su voz, sólo por el movimiento de sus manos sabría lo que esta cantando. Preguntado en cierta ocasión el por qué de ese movimiento tan rítmico y peculiar de sus manos cuando canta, contestó Calixto: "Si me ataran las manos no podría, no sabría cantar".
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Infatigable estudioso de los cantes, a lo que sin duda le ayuda su profesión de maestro nacional, Calixto Sánchez comparte y compagina su dedicación a la docencia, (de la actualmente se haya en excedencia voluntaria) con la de cantaor profesional de prestigio. Dotado de grandes facultades, posee una voz potente y brillante, que le permite alargar y modular con una absoluta limpieza su cante, lo cual es francamente apreciado por el público. Cantaor largo y completo, frecuenta y domina todos los estilos con la misma facilidad, destacando especialmente en los cantes de levante, malagueñas, granaínas, a los que le va perfectamente su hermosa voz. Nacido en Mairena del Alcor, de niño cruza sus primeras armas con el flamenco cantando en el bar que su padre regentaba, hasta darse a conocer al público en 1965, con 18 años, al ganar un concurso en su pueblo interpretando cantes de levante. Otros importantes premios sucedieron a este, entre ellos el Certamen Juvenil de Arte Flamenco, en Lucena, seguido del obtenido en el Concurso del Cincuentenario, en Granada, donde se proclamó triunfador absoluto y recibiendo el premio de manos de Andrés Segovia. El premio D. Antonio Chacón, en Córdoba o el Yunque de Oro en Ceuta son otros de los siguientes premios hasta llegar a 1980, año en que gana el I Giraldillo del Cante en la I Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en reñida competencia con Fosforito y José de la Tomasa, entre otros cantaores de prestigio. A partir de este momento, apoyado por la admiración de un público entendido y exigente, Calixto pasa a ocupar un lugar principal entre los cantaores de primera categoría; desde ese momento su presencia es obligada en los más importantes festivales y recitales celebrados a lo largo y ancho de toda España así como fuera de ella, siendo requerido para actuar en prácticamente todas las peñas flamencas o intervenir en universidades y centros culturales. Calixto Sánchez, como maestro nacional, no puede ocultar su capacidad para la docencia. Además de sus innegables cualidades como cantaor, en su condición de estudioso del flamenco hace años que comparte y enseña sus vastos conocimientos desde las numerosas actividades y cargos que ha ejercido y ejerce: codirector del Seminario de Estudios Flamencos, imparte cursos sobre el cante en la Escuela de Magisterio de Sevilla; preside la Tertulia Flamenca de Enseñantes; ha dirigido talleres en la Escuela Aneja de Prácticas, y es coautor de Aproximación a Didáctica del Flamenco, importante trabajo publicado por la Junta de Andalucía. Ha participado en las II Jornadas sobre Investigación en el Flamenco, y ha dirigido durante cinco años el Centro Andaluz de Flamenco, en Jerez de la Frontera. En otra de sus muchas facetas artística, ha montado y colaborado en espectáculos teatrales: “Cantando la pena, la pena se olvida”, “El flamenco es vida”o “De la lírica al cante”, patrocinados por la Fundación Cristina Heeren de Flamenco de Sevilla o la Fundación El Monte. Su discografía es amplia y, sobre todo, importante; en ella ha adaptado y cantado poemas de Antonio y Manuel Machado, de Bécquer, Villalón y Rafael Alberti, entre otros.
CALIXTO SÁNCHEZ ACUARELAS DEL CANTE
Su voz es nota viva que al influjo de un toque de guitarra se desprende de su pecho, morado por un duende que llena todo el aire con su embrujo.
Su voz es trazo puro. Como un flujo de colores brillantes que se enciende y por un lienzo, ingrávida, se extiende hasta esbozar el más bello dibujo.
Con sus manos formando las escalas musicales, al cante ponen alas vistiéndolo de pena o alegría.
Sus manos, que marcando la mesura, copian el cante en una partitura con pura y especial caligrafía.
Paco Acosta Roldán |