Más o menos podría ser esta: ¿En qué estaría pensando el
presidente Zapatero cuando pronunció un verbo que hace referencia al "acto
sexual" en una conferencia de prensa con su colega ruso Dimitry Medvedev?
A todos se nos ocurrirían unas cuantas explicaciones, pero dado que en ese
momento estaba ensalzando el incremento de turistas rusos que cada año acuden a
nuestro país, lo más normal es que su mente (sin la menor intención de dejar en
mal lugar a su eficaz ministra de "Igual-da"), involuntariamente, se
centrara en esas esculturales eslavas que frecuentan nuestras playas para dorar
su piel. De todas formas reconozcamos que, a pesar de la metedura de pata
presidencial, supo salir airoso continuando con su parlamento como si nada
hubiese ocurrido. |
Una gran mayoría de personas, entre las cuales me incluyo, daría algo por
averiguar cual fue la traducción del embajador ruso a su presidente. Otro
colectivo, más reducido, freudiano y fanáticos de los documentales de "La
2", se limitarían a opinar que el subconsciente le jugó una mala pasada al
presidente. Lo que desconozco es si los pertenecientes a este grupo de cursis
lo consideraron un "lapsus sexual" o "lapsus lingue"... Que
le personal lo interprete como mejor entienda.
Si es cierto que cuando el presidente levanta la vista del atril, se salta
el guión y comienza a improvisar es para echarse a temblar. Lo sucedido le
puede ocurrir a cualquiera pero ganar en popularidad con este tipo de
"incidentes”, según el criterio de los "asesores", no es aconsejable.
Paralelamente y a otra escala, también cabe preguntarse como lo habrán
pasado en el instituto las hijas del presidente (Laura y Alba), teniendo que
soportar las bromas de sus compañeros y compañeras que entre adolescentes
suelen ser crueles. Igualmente, Sonsoles, presidenta consorte, también habrá
tenido que aguantar las irónicas miradas que se habrán entrecruzado los
componentes del coro. Sobre las preguntas de madre e hijas en la intimidad del
hogar y por respeto no opino.
Los cuchicheos entre el servicio de la Moncloa, un numerito, pero lo más
doloroso habrá sido mirarle a la cara a sus ministras y ministros, sabiendo lo
que están pensando pero siendo consciente de que no se atreverán a preguntarle.
Posiblemente tampoco sabría qué contestarles... En fin; nos quedaremos con la
intriga. |