A veces, demasiadas veces, tras una ruptura dolorosa y casi siempre violenta, la mujer se deja engañar por las palabras de arrepentimiento y propósitos de enmienda de su pareja. Promesas que, desgraciadamente, la realidad nos enseña que casi nunca son cumplidas. Y aunque esas palabras son para el corazón de la esposa o de la compañera acordes de música celestial y la esperanza de un cambio en su relación, llega un momento en que, incapaz de seguir soportando los continuos maltratos físicos y psicológicos a que se ve sometida, las notas de aquellas trompetas de gloria le suenan falsas, desafinadas, y no le queda otro remedio que abrirse el corazón para arrancar la raíz de una dolorosa situación a sabiendas de que tal actitud puede precipitar una tragedia que la lleva a la desesperación, cuando no a la muerte. Y comprende, tardíamente, que dejarse ablandar por los engañosos cantos de sirena de su pareja sólo le sirvió para prolongar sus sufrimientos y sus miedos, acabando por aceptar que la temida y triste soledad es preferible a la continuidad de una convivencia con alguien del que no se espera más que tiránicos sometimientos y crueles vejaciones.
Con mi solidaridad a todas las mujeres que sufren malos tratos, en el Día Internacional de la Mujer, y siempre.
SEPARACIÓN Tenían tanto brillo de oropel las cálidas promesas de su boca que confundí su corazón de roca con un panal de rubia y dulce miel.
A veces, el amor, como un corcel que indómito galopa en ti, provoca que tengas que apurar, como una loca, la copa envenenada de la hiel. Hoy recuerdo esa parte de mi vida con el dolor profundo de una herida que el tiempo y la distancia no atenúa.
Y aunque mi corazón sigue sangrando, él y mi soledad van aceptando que aun sin amor, la vida continúa.
LIBERTAD
No te veo, mujer, como aventura, y menos como amante sometida; te veo sola dueña de tu vida sin aceptar yugo ni dictadura.
Pura sangre rompiendo su atadura y no yegua esclava de la brida; no la barca por necios conducida, sino nave con propia singladura.
Te veo gobernar tu libertad sin ser de ningún hombre propiedad, ni adorno, ni conquista ni trofeo.
Te veo libre como el sol, girando para el mundo alumbrar. Te veo dando y recibiendo amor. Así te veo. |