El de la madre es el único amor que acepta darlo todo sin recibir nada a cambio; el único capaz de los mayores sacrificios sin pensar en recompensa alguna, el único que no es tratado como mercancía sujeta a intercambio ni reembolso, que no tiene fecha de caducidad, y que se entrega generosa y silenciosamente; el amor materno no necesita de pregoneros que voceen que es el más grande y hermoso de los amores.
Y cada mujer, cada hombre, sin ser poeta, tiene escrito en su pecho un poema para rendirle homenaje a su madre desde lo más profundo de su corazón. Porque, aunque nos hacemos mayores, nunca dejamos de ser niños sujetos al recuerdo y añoranza de la firmeza de la mano que nos guió en nuestros primeros pasos y el seno que alimentó nuestro primer anhelo en la vida.
En el Día Internacional de la Mujer, vaya mi homenaje a todas las mujeres, y en particular a todas madres que son y a las que serán.
MADRE
De ti, madre, brota el maná fluido por tu morena y apetitosa mama como Láctea Vía que amalgama sueño, paz, luz, aromas y sonido.
Palpitante, tu seno es ofrecido a mi voracidad que lo reclama; y generoso, en ríos se derrama provocando mi eructo agradecido.
Desde el día feliz que me pariste, toda tu amada sangre convertiste en leche, miel, azúcar y en pan tierno.
Eres odre repleto de ambrosía que yo tomo con ansias cada día de la espita de tu pezón materno. |