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RAFAEL FARINA. CANTAOR
Rafael Antonio Salazar Motos. Martinamor, (Salamanca), 1923. Madrid, 1997
Audio:    Vino amargo

Perfiles Flamencos. 01.02.09 

Capítulo V. A veces, cantaores con magníficas cualidades que lo llevarían a ocupar un lugar de privilegio en el vasto mundo de los intérpretes del cante jondo, sucumben lamentablemente a la tentación de la canción orquestada, la mayoría de ellas compuestas con letras lacrimógenas y sensibleras, pero de un gran impacto entre un numeroso público que nada tiene que ver con el flamenco; un público más identificado con los espectáculos arrevistados, montados a partir de un libreto o guión en el que se escenifica cada canción convirtiéndola en una estampa andaluza, romántica y de brillante colorido, pero lejos de lo que llamamos jondura, tal como se entiende el lamento que brota de la angustiosa soledad del cantaor frente a un público conocedor y exigente, al que no solamente tiene que convencer de su propia angustia sino hacerle partícipe de ella.

     A una buena parte de esta situación, contribuyen las imposiciones y exigencias de las casas discográficas obligando a los artistas de su nómina a grabar lo que el público exige, buscando una mayor venta de discos que, a su vez, redunda en beneficio del intérprete por lo cual no es extraño que este elija el camino más fácil y rentable.
     Con una bellísima voz, gitana como las mismas fraguas y de una flamencura fuera de lo común, Rafael Farina se sometió casi por entero a la facilidad de la copla y se hizo más cancionero que cantaor. No quiero decir con esto, ni mucho menos, que la copla sea fácil de cantar, todo lo contrario; además, Farina supo ponerla en lo más alto a fuerza de hacerlo bien, con gusto, y con el mismo duende que cantaba flamenco. Pero era canción.
     Rafael, como tantos artistas de su misma época, tuvo que ganarse el sustento cantando en bares y fiestas supeditado a la voluntad, más o menos generosa, de quien escuchaba. Si desde sus difíciles comienzos ya se veía que iba para cantaor, en 1944, en el homenaje tributado a Juanito Mojama en el cine Alcalá, de Madrid, demostró ampliamente que lo era; momento importante en su carrera artística porque pasó a formar parte de varias compañías arrevistadas, entre ellas la de Concha Piquer, hasta que en 1952, con la reposición en el Teatro Pavón de Madrid de “La copla andaluza” pasa, aunque nunca deje de cantar flamenco, a ser conocido definitivamente como cancionero.
     A partir de ese año, más de treinta espectáculos lo convierten en el ídolo de un inmenso público amante de la canción aflamencada. El cine, atento siempre a llevar a sus pantallas la popularidad de los artista, cualquiera que sea el género en el que destaca, le hizo rodar varias películas de corte andaluz donde el cante, principal motivo del guión, acrecentaba la fama de aquel gitano que llenaba los teatros donde actuaba, y cuyos discos se escuchaban insistentemente en todas las emisoras de radio.
     Rafael Farina será recordado siempre como un gran artista, con su estilo tan  personalísimo y aquel torrente de voz que conservaría entera y flamenca hasta el final de su vida. Y a pesar que fue la máxima atracción de todo espectáculo donde cantara sus canciones, estaba destinado para llegar a lo más altos en el cante jondo de haber profundizado más en él. Pero que Farina era flamenco lo demuestran, sobre todo, sus fandangos, cortos, profundos, y que eran verdaderos latigazos de buen cante. Por suerte, queda su vasta discografía que, cante lo que cante, nos seguirá asombrando el arte que derrochaba éste rey gitano salmantino.

RAFAEL FARINA
VINO AÑEJO

Salamanca, tierra de cante y toro,
vio de nacer en su gitanería
un churumbel, al que Amara daría
la más señera voz fundida en oro.

Aquella voz, de timbre tan sonoro,
se hizo pregón que España recorría
repartiéndole al pueblo cada día
en jirones de cante su tesoro.

Voz flamenca y añeja, como el vino
de más pureza, más noble y genuino
que dio jamás la tierra salmantina:

Vino añejo que al cante se inflamaba,
con el arte y poder que derramaba
el corazón gitano de Farina.

Paco Acosta Roldán

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