Tras diversos y duros avatares, su encuentro con el maestro Manuel Gordillo marca el comienzo de una imparable carrera artística; con él estrena sus propias canciones, entre ellas una titulada “Torre de arena”, que la convertiría definitivamente en estrella de la canción; era el año 1955, y Marifé triunfa en el Teatro Victoria de Barcelona y en el Price de Madrid con éxitos clamorosos, y año en que haría su primera grabación.
A principios de 1956 hace su presentación en el teatro Calderón de Madrid precisamente con el espectáculo “Torre de arena”, con el que lograría su consagración definitiva, alzándose a primera figura entre una pléyade de artistas del mismo género que ya llevaban muchos años consagradas; era su primer espectáculo propio y con él recorrería España entera.
Desde entonces, hasta que decide retirarse definitivamente de los escenarios, Marifé no ha dejado de cosechar éxitos ininterrumpidamente. ¿Secreto de estos éxitos? Ninguno. En el triunfo prolongado de los verdaderos artistas no caben más que unas cualidades demostradas en el día a día de su trabajo y una entrega total en todas y cada una de sus actuaciones. Y estas dos cualidades ya las atesoraba Marifé cuando empezaba, y las derrochaba cuando decidió retirarse. No ha habido, pues, ni secretos ni casualidades en el triunfo de esta artista sevillana.
Muchos son los espectáculos estrenados por Marifé, en los que ha cantado la mayoría de las más de quinientas canciones grabadas por ella, de las que “Torre de arena”, “La loba”, “Te he de querer mientras viva” y otras muchas son ya títulos míticos en la historia de la copla.
Sin embargo, el cine no supo aprovechar las grandes dotes interpretativas de Marifé y las dos películas que rodó, sin otro interés artístico que las canciones que en ellas cantaba, la hicieron desistir de ponerse de nuevo ante las cámaras. Porque al margen de una espléndida voz, cálida y acariciadora, cuajada en los colores y perfumes de Andalucía, Marifé es, si no la sola, sí la que mejor recrea los personajes vividos en sus canciones, dotándolos de una fuerza dramática que hace que cada una de esas interpretaciones sea única e irrepetible; pocas han sido las intérpretes capaces de imprimir a sus canciones ese sentimiento trágico, desesperante, que nos ha llevado a sufrir con ella en muchas de sus creaciones.
Ese es el sello, personal e inconfundible, que le pone Marifé de Triana a la canción española; un estilo que muchas artista noveles quieren copiar pero que ninguna ha llegado a aproximar.
MARIFÉ DE TRIANA LA VOZ DE SEVILLA
Gaudalquivir la bautizó en su orilla. Giralda fue, con sones de campana la que templó su voz. Pero Triana la germinó con su mejor semilla.
Para adornar la hermosa maravilla Cartuja hizo de peina soberana; Y Maestranza, con un capote grana confeccionó la bata y la mantilla
La bañó con su luz Torre del Oro. Y Santa Cruz, el barrio más canoro en su pecho sembró la tonadilla.
Y Copla paseó por todo el mundo el arte y sentimiento más profundo que en una voz diera jamás Sevilla.
Paco Acosta Roldán |