Cada día al salir de casa, nos vemos enfrentados a un número indeterminado de sucesos cotidianos que nuestro cerebro, a modo del de un pobre herbívoro que está a punto de ser devorado por una fiera, interpreta como un enorme peligro, ordenando la segregación de una serie de sustancias en nuestro organismo que por acumulación de un día para otro, van haciendo que se deteriore de forma general, nuestra salud física y como no, nuestra salud mental. Todos los días, nos vemos enfrentados contra la sociedad, nuestro lugar en el mundo, parece estar en contraposición al de los demás y nuestros pensamientos, surgen sin cesar: la hipoteca, el trabajo, los niños, el coche, la salud., la muerte. Tratamos de buscar una salida, todo se vuelve negro, monótono, tenemos la sensación de hundirnos en un pozo sin fondo, vamos al médico, nos aconseja un poco de tranquilidad, algunas pastillas y un cambio en nuestro estilo de vida, tal vez estarían bien unas vacaciones, un poco de deporte.
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Tratamos de tomarnos las cosas con calma, tal vez con algún cursillo de desarrollo personal; parece que lo tenemos ya todo controlado, nos metemos en el coche para acudir a algún hipermercado (lugar donde los ciudadano del nuevo milenio pasan sus ratos de ocio y tiempo libre) y tras varios semáforos y varias circunvalaciones, nos encontramos con un atasco y llegó el infarto; unos minutos después, el ambulancia y la sensación de haber estado perdiendo el tiempo durante toda tu vida.
¿Nos suena?; este pequeño relato es posiblemente, una metáfora de nuestra propia vida, tal vez ha llegado el momento de relajarnos un poco y de dedicar 4 o 5 horitas semanales a desconectar un poco del día a día, se trata de hacer más soportable lo cotidiano, hay una gran variedad de propuestas en nuestra localidad, así te ahorras las caravanas que hay a la salida del pueblo.
Nosotros te proponemos el desarrollo de alguna actividad artística, no se trata de hacerse un profesional, sino de pasar un buen rato con unos amigos/as tomando una taza de té o café y poniéndonos en contacto con nuestros propios sentimientos a través de nuestra propia creatividad.
Durante el proceso de la creación artística, nuestra mente, entra en un estado idéntico al de una persona que está inmersa en un proceso de meditación. Nuestra respiración se hace pausada, similar a la que tenemos cuando estamos quedando dormidos, nuestros pensamientos se van sosegando como cuando estamos meditando y poco a poco, nos vamos centrando en nuestra propia creación, nuestras manos parecen cobrar vida propia, es por eso, por lo que a los artistas nos gusta nuestro trabajo y podemos pasar tantas horas concentrados.
Los profesionales de la enseñanza artística, sabemos como hacer que disfrutes mientras desconectas de tus problemas al mismo tiempo que te desarrollas como artista. En nuestros talleres o estudios, no vamos a conseguir solucionar tus problemas con: la hipoteca, el trabajo, los niños, el coche, la salud, pero quien sabe, tal vez te ahorres el infarto, el ambulancia y la sensación de haber desperdiciado tu vida.
José Manuel Martín Aguilera. Nefer Ceramistas. |