No coincido en las formas. Es decir, para que todos nos pongamos de acuerdo, previamente ha de existir un diálogo y una predisposición en actuaciones. Con esto quiero decir que todas y cada una de las vías que se abren para la mejora y el bienestar de estos niños han de ser consensuadas. Nunca se han de tomar decisiones de extrema importancia de manera unilateral. Y hablo en general, no piense usted que me refiero sólo al personal docente.
Los padres no podemos ser los últimos en enterarnos de todo el proceso que se ha llevado a cabo hasta ahora. Hemos ido a remolque y con prisas. Siempre. Y eso es una realidad. Respeto sus opiniones y sé perfectamente el centro que se va a construir y lo que va a significar para nuestros niños y los que vengan. Por eso me preocupa la gestión. Porque hablamos de un gran centro en el que se atenderán a un buen número de niños y con áreas muy especializadas que implicará una gestión difícil y complicada. Por eso me opongo a la privatización. Porque sólo un ayuntamiento dispone de los medios necesarios para poner en marcha este ilusionante proyecto. Tal y como usted dice, para que cuando no estemos, tengamos la confianza de que se vela por ellos. Esa es la gestión municipal. Las personas desaparecemos. Todas. Pero la gestión asumida por el ayuntamiento ha de perdurar mucho más que nosotros. Por más que nos empeñemos.
Cuando digo que me opongo a la privatización no abro una guerra en contra de su asociación, entidad la cual me merece todo el respeto por el trabajo que ha hecho desde hace muchos años. No soy quien para juzgarlo. Pero sí he de opinar en todo en cuanto afecte a mi familiar. Y todo este proceso nos afecta totalmente. Me opongo a la privatización. De cualquier entidad. Porque creo que no es el camino para lograr el bienestar de nuestros niños. Y con eso ni la ofendo a usted ni al alcalde. Ahora bien, expreso mis circunstancias personales las cuales las he vivido sólo yo. Y, desde luego, al igual que usted, cuando he tomado una iniciativa a nivel individual o he participado en las actuaciones que hemos llevado a cabo el colectivo al que he pertenecido, ha sido por las mismas razones. Por los niños. Sólo por ellos. Por qué otras sino.
Cuando habla usted de perdonar, he de decirle que yo ya he perdonado. Ya “casi” se me ha quitado el disgusto del cuerpo que me quedó tras la situación vivida esta semana. Como he dicho en mi anterior nota, he de guardarla en un cajón. Y he trasladado mis disculpas de igual manera porque estas situaciones nunca han de producirse. Jamás. Como dije, el respeto ha de presidir siempre las relaciones humanas.
El que yo lleve aquí cinco años no es sinónimo de que no sepa de su trayectoria, así como del proyecto del nuevo centro. La diferencia es que nuestras opiniones sobre el camino que se ha de seguir para llegar al mismo fin son contradictorios.
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