Algunos podrán pensar la irresponsabilidad que supondría lo que a continuación expongo, basándome en el decadente sistema político e institucional que nos rodea y nos asfixia a los sufridores ciudadanos y contribuyentes de este país, región y municipio. Estamos pasando una de las mayores crisis de nuestra historia, y que según algunos no se sabe cuando terminará, con unos índices de paro desconocidos, al menos en lo acelerado de su caída libre, que lleva a miles de personas al desconsuelo y a la desesperación. Las familias y las empresas, las pequeñas principalmente, se encuentran en una situación crítica que hace casi imposible cumplir ya no con el pequeño capricho, como hasta ahora, sino con lo básico. |
¿Y que nos encontramos como respuesta? Pues a una desprestigiada clase política, salvo excepciones, instalada en la opulencia y el despilfarro para mantener su estatus burgués a costa de los sufridos y desesperados ciudadanos, o sea, con nuestros impuestos. Para combatir tal crisis, nos invocan a que deberemos apretarnos el cinturón ya que están por llegar tiempos difíciles. Eso no quita que esa apretura vaya afectar a los funcionarios, que tendrán un incremento de un 3,8% de subida el próximo año, como reflejan los presupuestos del estado. Un colectivo, con todos mis respetos, que al menos tiene asegurado el puesto de trabajo costeado por todos nosotros, por lo tanto deberían de ser los primeros en apretarse el cinturón, pero claro, el clientelismo impera para este gobierno que pierde intención de voto cada día que pasa. Nos venden que el sistema financiero es vital para el buen funcionamiento de la economía, y por tanto no hay problema en inyectar en el mismo no se cuantos miles de millones de euros, pero sin embargo no existe ni una sola medida contundente dirigida a ayudar a esas asfixiadas familias y pequeñas empresas, que además serviría para incentivar el consumo que también es un pilar básico de nuestra economía. Por otra parte, algunos políticos no tiene problemas en costearse rehabilitaciones de despachos de 2 millones de euros, adquirir coches oficiales de más de 200.000 euros, “tunearlos” por míseros 10.000 euros, y ya no digamos de los famosos entes supra municipales , las diputaciones, esas casposas instituciones creadas por Franco cuando no existían las autonomías, para poder de esa forma gestionar los fondos del estado hacía las pequeñas poblaciones, donde el derroche llega a unos niveles esperpénticos, con unos presupuestos que se tragan en gasto de personal y corriente más de un 50%, y el resto lo utilizan para incentivar el folclore y financiar el clientelismo imperante, pero por supuesto, las carreteras provinciales como en África, con una tropa de asesores a 60.000 euros para servir al partido de turno, una prevaricación descarada a costa de todos nosotros.
Los ayuntamientos, en este caso el nuestro, tras la caída de la orgía del ladrillo, no se les pasa por la cabeza eso de apretarse el cinturón, la solución: incrementar, o crear nuevos impuestos, dirigido a los que nos tenemos que “apretar el cinturón”, por la irresponsable gestión y no preveer lo que se veía venir. Y sin embargo, empresas que destruyen la sierra y devastan montañas, patrimonio de todos nosotros, son beneficiadas con suculentas amnistías fiscales tras años de explotación sin aportar nada absolutamente, excepto enfermedades respiratorias, a la comunidad alhaurina, con la connivencia de todas las instituciones que deberían ante todo velar por el ciudadano. Otro capítulo será conocer cuanto, o que, aportan estas empresas a los grandes partidos para que las defiendan con tanto ahínco en detrimento del pueblo.
Estos políticos saben que tierra pisan, una tierra donde la sociedad civil es dócil, a diferencia de sociedades civiles avanzadas europeas que pondrían el grito en el cielo con la mitad de lo que pasa aquí. Solo hay una cosa que les quitaría el sueño, y entrarían en razón tomándose en serio la administración del dinero de todos, ya que verían peligrar su sobredimensionado estatus, al menos los de arriba: la insumisión fiscal. Os puedo asegurar, que esta sería la única forma, aunque algo utópico, todo hay que decirlo, de que se dieran cuenta de las necesidades que esta sociedad reclama, y no solo, como hacen hasta ahora, preocupándose del bienestar de ellos, sus acólitos y sus organizaciones. Y tranquilos, no tendrían capacidad de tomar medidas de fuerza contra tal cantidad de ciudadanos. Antes negociarían.
Rafa Gómez Calasanz |