La mamografía es otra de las clave para detectar el tumor en su primera fase. Una cita a tiempo con nuestro ginécologo nos asegura un estudio pormenorizado de nuestro cuerpo, y consecuentemente, la garantía de una estabilidad en nuestra salud. Respecto a ello, la Sociedad Estadounidense para el Cáncer (American Cancer Society) recomienda las mamografías cada año para todas las mujeres que tengan más de 40 años. Un dato importante a tener en cuenta, puesto que las féminas que se encuentren en esa franja de edad son más proclives a padecer la enfermedad. Una exploración a tiempo evita posibles dolencias futuras.
Por otra parte, el tabú creado en torno a la enfermedad conlleva a que muchas mujeres sean rehacias a examinarse. Sin embargo, el dato revelador de que casi en el 100 por cien de los casos una detección precoz es una curación asegurada debería alentar a atajar el problema de raíz. Son muchos los nombres de las mujeres que han vuelto a nacer ganándole la batalla a tan terrible dolencia. Algunas de esas voces, coinciden, victoriosas, en afirmar que supieron de su patología porque percibieron una pequeña inflamación o bulto. Sin embargo, hay ocasiones en las que el cáncer no se hace notar demasiado, y por supuesto, no se manifiesta en forma de abultamiento en alguna parte de nuestro cuerpo. De ahí derivada la importancia de la autoexploración mamaria y la visita al ginecólgo.
De otro modo, y aunque cada vez somos más conscientes de ello, hay que destacar que el cáncer de mama es una enfermedad que puede atacar también a los varones, aunque en menor medida, ya que tan solo hablamos de un 1 por ciento de todos los casos de este tumor. Al igual que en las féminas, la autoobservación es un método eficaz para su prevención.
Pero por encima de todas las cifras, lo que prevalece es la esperanza de vida, cada vez más larga, que se tiene con esta enfermedad. Resulta ya un tópico la frase de que con el cáncer de mama se puede vivir, pero la certeza de esta sentencia tan repetida es que ahí están los casos reales de mujeres y hombres que superar en reiteredas ocasiones los ataques del tumor. El factor psicológico, por supuesto, es un buen aliciente para hacer frente al paso de los días en ocasiones imprevisibles por las consecuencias de la enfermedad. Y por otra parte, no podemos obviar que las avanzadas investigaciones auguran un futuro en el que el cáncer de mama puede dejar de convertirse en una patología crónica o incluso ni siquiera exisitr. La reducción de porcentajes de casos demuestran que somos conscientes de que la prevención es la mejor manera de sonreirle a la vida, y sobre todo, de evitar que el tumor siga su curso en el caso de aparición del mismo. Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil, y vencerse a sí mismo se convierte en la victoria más bella.
María del Mar Soria |