Llegar allí trajeados y en grupo, te da seguridad. Vas a entrar, pero sabes que saldrás horas después y cuando tú quieras. Eso se agradece. Lunes por la mañana: no había muchos familiares de internos. Pero todos nos miraban entre indiferentes y curiosos. Entramos a un patio interior antes de llegar a la Iglesia. Para acceder a él, tenemos que traspasar tres controles tipo "puerta bancaria" si no se cierra una puerta, también blindada, no se abre la siguiente, así que allí estábamos mogollón de gente variopinta en unos pocos metros cuadrados pensando supongo todos algo parecido: "¡Que no tenga que entrar nunca como inquilino de este hotel". Tiro unas cuantas fotos. Tengo "barra libre" para la cámara. Una gozada. Aunque no hay barrotes y los funcionarios ponen su mejor cara, aquello no deja de ser una cárcel. ¿Estará Julián Muñoz? Luego lo sabremos. Era un pequeño patio anterior al salón habilitado como Iglesia, y allí esperamos políticos y autoridades. Allí estaban no todos los del PP, con el alcalde a la cabeza, los cinco del PSOE, Mercedes Avila (además era su santo) y Brenea de IU y Ramón Guanter y Manuel Leiva de UPyD. Yo iba de "anexo" al grupo como fiel notario de los actos. El señor Presidente de la Audiencia Provincial, el Fiscal Jefe de la Audiencia, toda una retahíla de trajes impolutos y personajes recién afeitaditos y duchaditos, algunos de ellos luciendo las mejores galas y todo el medallero en sus uniformes, con los galones llenos de "huevos" puntiagudos. Hubo un momento en que por una puerta llegaron los internos que para entrar a la iglesia tuvieron que pasar a nuestro lado. No parecían tan temibles, ni se veían carceleros con cara de mala hostia como en las películas americanas. Eran presos "light", supongo que escogidos entre los más buenecillos del lugar, que la ocasión la pintan calva y no es plan de tener un incidente con lo más granado de la provincia.
Los internos se "descojonan" en misa
Por un momento me puse en sus cabezas: No sabrían quiénes éramos, pero sabían que éstábamos FUERA y veníamos a DENTRO a celebrar y comer, para luego SALIR FUERA de nuevo e irnos a nuestras casas. ¡Muy duro tiene que ser eso!. Más si te cruzas con una pila de guardias civiles y policías mirándote con cara de póker y un grupo de civiles mirando al suelo acojonados e intentando no cruzar las miradas con aquellos delincuentes. Una curiosa situación en la que todos nos observábamos como en los zoológicos se miran todos los animales a ambos lados de la verja... Ya dentro de la sala multiusos, con gradas en altura, nos fuimos colocando según lo disponía el "protocolo". Del centro a los lados y de abajo arriba. A la izquierda los políticos locales, a la derecha los provinciales. Atrás, convenientemente separados por dos o tres filas de invitados, los presos, que allí se llaman eufemísticamente "internos". Vamos, como cuando yo estaba "interno" en el colegio- seminario de San Francisco Javier en Navarra y tenía diez años. Allí habría, mal contados, unos 200, que suponen el diez por ciento de los 2.037 que ese día llenaban los barracones del Centro. Unos barracones construidos para albergar sólo a 900 "internos". Así que, amontonaditos los tienen. Pero ese es otro tema. El nuestro es que los que allí había se comportaban como si no hubieran hecho nada malo en su vida y sólo a algunos de ellos se le notaba en su cara la huella de sus calamidades y penurias. Y comenzó la misa en honor a la Patrona de Instituciones Penitenciarias, la Virgen de la Merced. Por curas que no sea. Trinitarios a más saber, que se encargan de las almas de los internos. De los que se dejan, claro. Una misa emocionante. Dos internos leyeron en el atril sendos escritos llenos de sentimiento y ternura y vimos a uno de ellos llorar desconsolado y abrazarse a unos de los curas del púlpito. Allí había sensaciones contradictorias. Por una parte, las reales de unas personas que necesitan agarrarse a un clavo ardiendo en la soledad de su "chabolo" y se echan en manos de alguna religión, incluso la católica, para seguir subsistiendo. Por otra parte, el cachondeíllo durante la homilía cuando el cura les decía a aquellos presos que "la verdadera libertad está en Cristo...". ¡Joder, padre!, que la verdadera libertad para ello, está fuera de las rejas, hombre... luego abrazas a Cristo, a Mahoma o a la botella de Larios, ¡padre!... Lo dicho, sensaciones contradictorias. ¡Hubo hasta risas!. El cura contó la historia de un subsahariano sin papeles que se encontró una cartera en la calle con tres mil euros y no se lo pensó dos veces, según el cura : "Buscó a un policía cercano y la devolvió. Le dieron cincuenta euros de propina". Lo internos se descojonaron, con perdón, de risa. Seguramente se reían de que el subsahariano devolviera la cartera, pero el curilla pensó que era por lo menguante de la propina... Sensaciones encontradas y equívocas. Lo dicho.
¡A comeeeerrrr!!!
Acabada la misa, ¡a comer!. Pero el comer no sale tan gratuito como piensa la gente. Te lo cobran en discursos tediosos y algunos hasta coñazos. Allí habló hasta el apuntador. Normalmente se hacían en la Finca El Portón, en el pueblo, y allí nuestro bien-amado Villanova estaba en su salsa. Pero este año todo se ha hecho dentro de la prisión. Oficialmente por el tema de la crisis y el atentado etarra de dos días antes. Las malas lenguas sin embargo dicen que las autoridades socialistas han querido hacer un feo institucional al supuestamente pepero Joaquín Villanova tras poner a caer de un burro nuestro bien-amado alcalde en varias ocasiones en el Pleno, al Subdelegado del Gobierno en Málaga allí presente señor López Luna. Sea como fuere, estábamos en una sala minúscula, como sardinas en lata y con una mezcolanza de la que podría salir cualquier cosa. Mezcolanza que en un principio propició tensión entre los asistentes. Allí había rojos y fachas, militares y policías, funcionarios de prisiones, periodistas, uno de Cuenca que pasaba por allí.. ponen la batidora en marcha y te sale un gazpacho con tropezones de medallas. Y para más Inri, aparece Luis Bravo. Amén. ¡Ya estábamos todos!. Don Antonio, Director de la Prisión, comenzó su apasionante discurso que pasamos a resumir: "hacinamiento, hacen falta más prisiones, más funcionarios, la segunda prisión se hará en Archidona y bla, bla bla". Nuestro bien-amado Villanova dijo unas palabras también. Pero no me acuerdo de ninguna, que yo estaba ensimismado en la foto que estaba empeñado en hacernos el director de Diariolatorre, Javier de Molina, a Luis Bravo y a mí juntos. Y como yo estaba a su lado, de Bravo digo, tirando fotos, se lo pusimos a huevo. Javier inmortalizó el momento y se quedó tan a gusto. Es una de esa fotos que satisfacen al fotógrafo. Como unas pocas que yo sacaría poco después al equipo de gobierno en plena ingestión de patatas fritas y aceitunas...
¡Es dura la vida de los políticos! Pero no adelantemos acontecimientos. Los discursos continuaron. Para quien haya estado en más de un acto institucional de este tipo, puede resultar aburrido. Las caras de los asistentes son de lo más variopinta. Los hay que miran al techo como haciéndose los interesantes, los hay que miran al suelo haciendo lo mismo, y los hay que no miran. Cierran los ojos, y como el caballo de Atila, duermen de a pie, una actividad que se aprende con tiempo y esfuerzo... y muchos discursos a la espalda. ¡Es dura la vida de los políticos!. Acabados los discursos y las entregas de diplomas y condecoraciones varias (si quieren más detalles y nombres, vayan a Alhaurín.com y/o Diatriolatorre), pasamos a la comienda, como recompensa a haber sobrevivido a la misa y a los discursos. Este año la comienda era escasita y un poco tétrica. Quitando la sufrida tortilla de patata, lo demás era de relleno. Eso sí, no dejamos ni los platos de plástico. Esta era una de las diferencias, según me contaron, con la Fiesta en El Portón de otros años, donde las viandas eran de auténtica categoría, que para eso pagaba el pueblo. Pero no era, según las malas lenguas, la única diferencia. En El Portón, el centro de atención era don Villanova y sus pollitos y pollitas del PP. Ayer, en la prisión, don Villanova se diluyó entre los presentes en cuanto acabaron los discursos y cada cual se arrejuntó a quien pudo ó quiso. Había que ver los grupitos: ahora, el Presidente de la Audiencia con Mercedes Avila... y el alcalde poniéndose ciego de patatas al fondo. Otrora, el Jefe Superior de Policía con el teniente coronel de la Guardia Civil dialogando... y el alcalde poniéndose ciego de patatas al fondo. Más otrora, el Subdelegado del Gobierno rodeado de sociatas sonrientes como él... y el alcalde poniéndose ciego de patatas al fondo. Así hasta que el alcalde cambió su quehacer para susurrarse al oído cositas con Luis Bravo ambos dos dándole a las patatas... Como sé que muchos lectores son cotillas por naturaleza aunque no lo quieran admitir, les diré que no crucé siquiera la mirada con el futuro Gerente de la Fundación, aunque por razones de trabajo estuvimos muy cerca, cerquísima, a dos dedos de distancia. Mejor que nos veamos en el Juzgado él, su jefe Villanova y los insultadores del Blog. Amén. Pero, eso sí, cuchichear cuchichearon y no se les notaba allí muy a gusto entre la plebe y sin ser los centros de atención, como lo hubieran sido en El Portón. El alcalde alternaba entre las tapas, el vinillo y sus concejales. Allí se vió claramente la importancia que tiene a nivel provincial nuestro bien-amado Villanova: NINGUNA. Unos poquitos saludos por aquí y por allá y desaparecieron como por encanto. Las autoridades departiendo gustosas con la OPOSICION del pueblo, incluida la incipiente UPyD y el equipo de gobierno haciendo mutis por el foro como pobrecitos marginados... Me dan pena porque utilizan las siglas de mi partido, el PP, pero se les veía tan desolados y aislados ellos...
La cuerda se rompe siempre por la parte más débil
Al cabo de media hora, las cervezas, los vinitos y la intimidad del lugar comenzaron a hacer efecto. Los militares se relajaron, se hicieron fotos con todo el mundo, llegó un momento en que creí que estábamos en el Cielo auténtico: Antonio Sánchez Becerra, del PSOE, sonriéndome ¡a mí! y pidiéndome que les hiciera unas fotos con Lopez Luna, Subdelegado del Gobierno en Málaga que, en medio de todo el grupo, parecía el "gremli" malo de la película, ese de pelo blanco... Se las hice con todo cariño, naturalmente. El otrora "gobernador", era una persona muy cercana y aparentemente sencilla. Lo que hace conocer a las personas. Pero como el alcalde estaba cabreado con más de la mitad de los que allí estábamos tan apretados, no nos pudimos conocer mejor, porque fue el primero que se largó. Acabada la comida, acabada casi la bebida, acabada la paciencia de aguantar encerrados en aquella lata en forma de salón de abogados, poco a poco nos fuimos marchado de allí. El patio principal que debíamos cruzar estaba presidido por la torre de la prisión, conocida como "la rocosa julianica" en honor a los dos más ilustres huéspedes del Centro, que lo han hecho famoso en toda España entera. Y otra vez los departamentos estancos, esos que sólo se abre una puerta si la otra se cierra. No hay barrotes, pero los cristales blindados te recuerdan dónde estás. Me dió pena por los que se quedaban dentro. A muchos de ellos les han pillado por un trapicheo tonto, un tironcillo, unos móviles... y están allí encerrados aprendiendo quizás a hacerlo mejor para que la próxima vez no los pillen. Mientras, fuera, mucha gente "respetable" tienen todos los boletos para entrar al trullo y compran más cada día de su vida. Pero nunca les toca a ellos. La cuerda se rompe siempre por la parte más débil. Los que vimos dentro, y más los que no vimos, no eran unos santos. Pero... ¿Y todos nosotros somos mejores que ellos?. Creo que no. La única diferencia es que ayer, nosotros, podíamos salir después de la misa. Cuando la última puerta se cerró detrás nuestra, salivamos un regustillo a libertad. Una muy agradable sensación, esa que deben sentir los internos cuando pagan sus condenas y salen de nuevo a la calle. En ese momento eso era lo más importante. !Eramos libres!
Juan Carlos Sanz de Ayala http://juancarlosnomecallo.blogspot.com/ |